MÚSICA: VERY BEST OF / SUPERTRAMP (****)
06 Jul 2010
Quizás sea ociosa mi valoración sobre un álbum de grandes hits, pero vamos a intentarlo. No hago mención únicamente de discos nuevos y evito hacerlo de los que ya tengo por años. Este disco apenas llegó a mis manos y es por ello que aparece aquí.
Supertramp, los vagabundos británicos (parece obligado regresar una y otra vez con los ingleses), fueron una banda de cierto éxito y culto por ahí de finales de los 70 y principios de los 80 y se les nota claramente su etapa musical. Supertramp es una agrupación con estilo y tendencias hippiosas, con cierta melancolía y reflexiva postura, pero con una intención digamos positivas. Los echan en la canasta del rock progresivo y con mucha razón, mezclan su rock con arreglos orquestales, concentrándose en solos, piano o teclado (esencial) y varias veces con el saxofón. Aunque la banda ha tenido distintas alineaciones sus principales elementos han sido Rick Davis y Roger Hodgson metiéndole gran importancia a la voz, ambos con grandes dotes y presumiendo desde coros simpáticos hasta grandes alaridos (acabarían como toda pareja creativa agarrados del chongo y separándose).
Creo que no hay nada mejor para conocerlos que entrarle por medio de este Very best, en dónde nos encontramos con una colección de 15 tracks, muy justa y sin caer en los excesos. Aquí encontraremos contenidos sus diversos matices, algo de melancolía, cierta tristeza, un lindo optimismo, alguna pieza sucia blusera y hasta cosas casi acústicas; todo ello con un sello característico muy ochentero. Este es un “lo mejor de” bastante cumplidor, que nos orilla —como a mi me pasó— a volvernos seguidores de esta banda de culto, que aunque uno insista en mencionarla como un pasado remoto, resulta que la agrupación aún no está disuelta, al menos oficialmente, lo que hace que la mantengamos en la lista de actividad. ¿Los hits dentro de los hits? Son varios: Take the long way home, es de esas piezas que te gustan mientras ver llover; la supertramposa Breakfast in America que fue primer lugar en E.U. y es quizás la pieza más emblemática de la banda, la honestamente reveladora Logical song y mi trío de favoritas, Hide in your shell, Give a little bit —cursimente hermosa— y Goodbye Stranger una de las mejores piezas que haya escuchado. Ya veremos si los “Supervagabundos” en su deambular eterno aparecen por el barrio nuevamente.
Que gusto da encontrarse con cantautores como Albert Pla. Este español, músico, cantante, compositor y hasta actor tiene una inteligencia brillante en sus canciones. Las hay divertidas, chuscas, de tintes románticos, crítica social y hasta política; pero sobre todo desnudando valores, moralidades, sentimientos y sensaciones. Albert Pla hace canciones de mil cosas. Y su estilo es único y notable, original, con sus respectivas influencias (como todo) pero abriendose paso por si mismo, mezclando ritmos del folklore español, trova, rock y una narrativa impresionante, o bien al escucharlo te pones a bailar, ó te entretienes escuchando sus cuentos musicales, porque su voz no sólo canta, su voz también actua, interpreta, caracteriza.
Paul McCartney volvió a México y dejó claro que está vivo y que no es William Campbell. Aunque se nota un Paul ligeramente disminuido (naturalmente) está que echa humo y cumplió a la perfección nada más con… ¡Tres horas de show! Es un tipo completo, un showman que se lució, mimando al público, hablando con él, jugueteando y organizando coros, aclarando dedicaciones, vanagloriándose de su popularidad, sacando la clásica bandera mexicana ¡y trotando con ella!, tiempo se dio para improvisarnos una canción Shine the lights in Mexico al percatarse del juego de luces que el público sincronizaba y ¡hasta chistes en español; todo esto claro, el extra valioso del espectáculo, pero en lo artístico arrolló, ¡un show de casi 40 canciones!, 2 encores, sin respiro entre rolas, saltando entre el bajo, la guitarra, el piano, la mandolina y hasta el ukulele (¡es en serio!) y la característica voz del Beatle afinado. Para redondear, escenario con proyecciones diferentes por rola, pantallas gigantes de calidad y el audio impecable, ¡ah! y juegos pirotécnicos de pilón para Live and let die.
Paté de Fuá ha vuelto. Banda méxicoargentina vuelve como se le conoce cargada de bohemia, nostalgia y ese clásico romanticismo de caballeros. Aquí está la pequeña orquesta otra vez haciendo gala instrumental y el galante Yayo González arrullándonos con su voz cuando deciden ponerle letra a su melancolía. Este disco defiende su ya conocido estilo, instrumentos de cuerdas, trompetitas con su pizca de teclas y marimba, una mezcla simpática de tangos, vals, trova, jazz y balada con su estilo setentero. Paté de Fuá es un excelente reposo melódico entre tanta confusión y artificialismo de la escena musical reinante. ¿Qué a veces abusan y choca su charleston de años 20? es cierto, de pronto les entra lo “cultural”, pero ellos son así y por eso se distinguen. Un disco agradable, quizás muy largo con sus 16 tracks, pero Paté de Fuá no compone de relleno, es simplemente que se clavan en la función que nos ofrecen tendiendo algunos puentes musicales. Las sobresalientes: El fantasma enamorado, un bonito cuento macabro; El tren de la alegría, nos hace suspirar, ¿Quien no ha escuchado aquello de “ya se le va el tren”? además, ponen nuestra imaginación a trabajar con Los enanos negros de Praga y Ojos Brujos para embrujar a cualquiera. ¡Buen disco, que para redondear es barato! ¡Honestidad de pies a cabeza!
Pedro Piedra es un chileno con ese aspecto y actitud boba, de esas que te caen bien… o muy mal. Y su disco debut es muy semejante, un tanto bobo que puede parecer inocentemente simpático… o ingenuamente tonto. El tipo tiene talento, se echa al hombro las letras, las composiciones y la musicalización instrumental y tiene el don de poder crear ritmos pegajosos y hacer con cierta facilidad esos hits que suenan una y otra vez en la radio. A veces, por el contrario puede sonar hasta fastidioso y pueril (como una rolita de Barney) y contrastar con una buena letra a una bastante torpe. ¡Pero que diablos! su “pegajosidad” se impone y a fin de cuentas conforma uno de esos álbumes disfrutables que vas tarareando hasta que te vas a dormir. Las buenas del álbum: la cándida Yo no quiero, las contagiosas Inteligencia dormida y Las niñas quieren y Ayayayay nominada a la mejor canción original del cine chileno al ser el tema de la película “La nana”, te hará decir ¡Ayayayay!
El Ataque Masivo nos viene de Inglaterra y este es su último disco calientito del 2010. Su base es sin duda electrónica y su misión la de crear viajes atmosféricos. Si oyes a Massive Attack, se antoja cerrar los ojos y disfrutar el trastorno, (ya sea relajante o desafiante). Una banda (que parece orquesta) de esas que arriesgan metiéndole a su estilo un poco de todo. Si como se dijo, su base es electrónica, se les agradece buscar “un más allá” con sus experimentaciones, sonando desde melancólicos, dulces, hasta bruscos y sensuales. En su Heligoland han invitado a distintos artistas a sumarle su toque, por lo que encontramos piezas variables. A los seguidores de las sensaciones musicales les encantará, pero a aquellos que busquen los rasgos notables del rock, cuerdas y baterías, les parecerá aburrido. Yo me declaro de estos últimos. Se reconoce la capacidad musical y el atrevimiento a experimentar, pero su base electrónica suena repetitiva y a veces cansa (Aunque se entiende que así es el estilo). Para concluir, disco recomendado sólo para fans de este estilo y para los que busquen sensaciones sonoras. Las buenas del álbum y que son, las que de verdad le rompen la monotonía al disco, Splitting the atom (la joya del disco, ¡que vaya que es buena!), Paradise circus y Saturday come slow, esta última con la participación vocal de Damon Albarn ¡desafiando al mismo Radiohead!
Una de mis bandas favoritas es Bersuit Vergarabat, y aunque daban lata desde 1992, pegaron en México hasta finales de los 90 gracias a Sr. Cobranza y Yo tomo, y hasta la fecha eso es quizás lo más popular de Bersuit, pero no lo único, hay mucho más. Por ahora, se dice que a Gustavo Cordera (el peloncito lujurioso y frontman de la banda) le dió un ataque de “egocentrismo” disolviendo la agrupación y sacando disco solista. Esto, que conste, lo dijeron sus propios compañeros —y ya para que un montón de argentinos hable de “ego” es que Cordera debe estar cabrón—. No se sabe si Bersuit volverá pero entre tanto nos dejaron su disco de lados B.
Eels, banda de rock estadounidense que ya llevan más de una década haciendo música. Su líder conocido como Mr. E, es la voz, imagen y cerebro de este grupo. Su álbum llamado así —en español— Hombre Lobo, aún tiene sangre fresca. Si algo se le puede agradecer a Eels es que tienen ese sonido de rock duro que está por secarse, agresivo, como tragar cascajo y tocar con grava en las guitarras. Su disco Hombre Lobo está rabioso. Pero al igual que la leyenda de aquel Licántropo, nos llevan a viajar por su disco con luces y sombras, en constante transformación entre lobo y humano, cuando ya nos atacaron con una pieza feroz, nos rehabilitan con alguna tranquila balada. Y es que es paradójico, pero a pesar de intentar sonar duro, a Eels lo que mejor le sale son las piezas melódicas y pasivas. Un disco de contrastes, a modo para aquellos rudos de corazón frágil. Recomiendo la sádica sensual Fresh blood, la animosa Beginner’s luck, la melódica My timing is off y la estupenda That look you give that guy.
Bunbury lo volvió a hacer. Si alguien cuenta con una legión de fanáticos (si, fanáticos) incondicionales ese es Enrique Bunbury y quizás tengan buenos motivos para seguirlo. Apenas nos relamíamos los bigotes con su anterior disco Hellville Deluxe y nos sorprende con la guardia baja sacando una nueva producción. ¿Precipitado? eso pareciera, pero Enrique no sólo es un buen showman sino también un gran y odiosísimo bussinesman, seguramente estaremos viendo en breve como su mercadotecnia hace el trabajo, con esos sucios trucos de ediciones deluxe, dvd’s y conciertos masivos a precios de oro que siempre le funcionan al español, golpes bajos que tiene bien aprendidos, pero esa es otra historia.