Archive for Mayo, 2009

JUEGOS DE GUSANOS

 

Estaba muy triste porque papá había muerto, fue en su coche, dijeron que chocó muy feo. Mamá no nos dejó verlo cuando lo velaron en su caja, nos dijo que era mejor así, que lo recordáramos como la última vez que salió de casa, lo malo es que yo no me acuerdo cuando fue eso, pero aún así yo extrañaba mucho a mi papá.

Cuando pasaron como 20 días mi mamá nos llevó al panteón a verlo y a dejarle flores, dijo que ahora mi papá descansaba ahí y que podíamos platicarle y llevarle lo que quisiéramos. Cuando mi hermana regaba las flores y mamá caminaba por ahí con mi tía, yo vi clarito como salió un gusano blanco de la tumba de mi papá, y moviendo su cabecita se paró como si me saludara. Sin que se dieran cuenta yo lo agarré y me lo llevé a la casa. En el camino sentía en mi puño sin apretar como se retorcía haciéndome muchas cosquillas.

Desde entonces lo guardé abajo de mi cama en una cajita, y todas las mañanas la abría para echarle algo de comer, y me di cuenta que igual que a mi papá le gustaba mucho la carne. Un día le puse la música que oía papá y el gusanito se paró a moverse, como si quisiera bailar, además cuando le prendí la tele y le puse en las noticias se quedó muy quietecito a verlas igual que hacía mi papá. Por eso yo entendí que si era él.

 A veces lo ponía en la ventana y se arrastraba de lado a lado, muy lentito, entonces imaginaba que haría yo cuando me volviera gusano, como le haría para ver dentro de la tierra o para subirme a la cama, no sabía si con cara de gusano iba a reconocer a mi mamá o a mi papá. Como sea, yo ya no iba al panteón con mi mamá, que ya ni nos llevaba tampoco, pues yo le hablaba a mi papá desde mi cama y le contaba todos los días lo que hacía y él siempre me escuchaba.

 Pero ahora estoy muy triste, porque mi papá gusano ya no está, lo saqué cuando llovía un poquito para que se refrescara y se me fue por la coladera. Eso fue hace tres días y no lo he podido sacar, me da preocupación que esté ahí solito con frío y hambre. Además ya me aburrí de que mi mamá no me haga caso. Pero ya se lo que voy a hacer, me voy a morir, espero que este frasquito de pastillas de mi mamá me maten como en la telenovela y cuando me haga gusano me voy a ir por la coladera con mi papá para seguir contándole todo y que podamos jugar entonces juegos de gusanos.

Hace poco en una charla morbosa salió un tema a relucir, el de la muerte. Lo interesante de esto no era el tema en sí, sino el tema que musicalizaría nuestra muerte, es decir la canción que se elegiría para morir, o ser enterrado o cremado o para ascender a los cielos o descender a los infiernos, como gusten. Así que no sin enfrentar algunas rolas finalistas como “Yesterday” con la Banda de Tepetlixpa, o“Esperando el impacto” con Bersuit, la ganadora para mi personal tema de muerte fue “Death of a clown” de los Kinks, no sólo es el título tan a modo sino que en realidad es una gran canción. Esta quiero que toquen cuando me vaya de aquí. ¿Y ustedes que tema elegirían?

 

 

 

Traducción aproximada:

 

Muerte de un payaso / The Kinks

 

Mi maquillaje se ha secado y se resquebraja en mi mejilla,
ahogo mis penas en whisky y ginebra.
el látigo del domador de leones no se agita ya más,
los leones no lucharán y los tigres no rugirán.

la-la-la-la-la-la-la-la-la-la

Así que bebamos por la muerte del payaso.
me ayudará alguien a disolver esta multitud,
bebamos todos por la muerte del payaso.
 
La vieja pitonisa yace muerta en el suelo,
ya nadie necesita que le adivinen el futuro.
el amaestrador de insectos está postrado de rodillas,
buscando en vano pulgas fugadas.

la-la-la-la-la-la-la-la-la-la

Así que bebamos por la muerte del payaso.
me ayudará alguien a disolver esta multitud,
bebamos todos por la muerte del payaso.

la-la-la-la-la-la-la-la-la-la

Ya deberíamos haber aprendido a inculcar el amor al aprendizaje y no me refiero únicamente al de una escuela sino a todos aquellos modos de aprender algo. Desde pequeños nos amenazan para aprender, en lugar de entusiasmarnos por aprender algo nuevo, y crecemos creyendo que aprender es un martirio, una obligación pesada o hacer trámites burocráticos. Actualmente he tenido que ir a unas “conferencias educativas”, y el modo según ellos, para hacer que la gente asista,  es que en lugar de aderezar las ponencias, mostrarlas como algo útil o algo interesante, no… prefieren ponerte un sello en cada conferencia y si te pierdes de una, como ellos dijeron “ya valiste”. Hablo de un nivel de universitarios, ¡Qué bárbaros!.

 

Con su permiso pero esta canción tiene una buena historia y además no deja de dar vueltas en mi cabeza:

 

Me llamas / José Luis Perales

 

Me llamas
para decirme que te marchas
que ya no aguantas más
que ya estás harta,
de verle cada día
de compartir su cama
de domingos de fútbol
metida en casa.

 

me dices que el amor
igual que llega pasa
y el tuyo se marchó por la ventana
y que encontró un lugar
en otra cama.

y te has pintado la sonrisa de carmín
y te has colgado el bolso que te regaló
y aquel vestido que nunca estrenaste
lo estrenas hoy
y sales a la calle, buscando amor.

 

me llamas
para decirme que te engaña
que ya de vuestro amor
no queda nada
que se buscó otro nido
que abandonó tu casa
que te faltan caricias
por las mañanas.

 

me dices que el amor
igual que llega pasa
y el tuyo se marchó por la ventana
y que encontró un lugar en otra cama.

 

y te has pintado la sonrisa de carmín
y te has colgado el bolso que te regaló
y aquel vestido que nunca estrenaste
lo estrenas hoy
y sales a la calle, buscando amor.

chelis

Ser aficionado puma este sábado (23 de mayo) fue muy sufrido. Como ya lo saben yo lo soy, y si, me encuentro contento por su pase a la gran final, pero debo admitir que sólo disfruté los últimos 2 minutos del encuentro, justo cuando milagrosamente Verón (otra vez un defensa, eso me preocupa un poco) remató con su pelona cabeza el gol de la victoria, digo de la derrota, pero que globalmente mando al equipo a la final. Puebla nos hizo sufrir enserio, el 2-0 a su favor en el primer tiempo era la pesadilla que nunca esperamos; eso de ir a C.U. y poner las cosas así de fácil era imposible y ellos lo hicieron. ¡Fue impresionante!, mis respetos para este Puebla y su técnico “Chelís” que es un tipazo, honesto, trabajador, directo y con tamaños para convertir al Puebla en el equipazo que paralizó C.U.

Por fortuna hubo fortuna y más que futbol, fue eso “suerte”, la que estuvo de nuestro lado y nos hizo salir vivos de ésta.

veronn

Como sea, ésta será otra semana feliz y la UNAM está a dos partidos de ser campeón, aunque falta ese pequeño detalle, ganarle al equipo perfecto, a la aplanadora Pachuca, si será muy difícil batir al favorito (parece imposible), pero si alguien puede hacerlo esos son los pumas de la UNAM.

Hace poco recordé una vieja anécdota de universitarios. Una fugaz historia de amor que quedó grabada con hierro candente. Dice así: Mi amigo Alex y yo, ordinarios y olvidables estudiantes, estábamos en la cafetería de la escuela esperando nuestra respectiva “petrolera” (esto es para los no acatlenses, una suculenta tortilla de harina con carne), cuando entonces pasó una de las niñas más bonitas o mejor dicho y para mejorar la anécdota, la más bella alumna de aquella generación y de toda la escuela que mantenía embrujado (entre a tantos otros) a mi compañero Alex. Yo sabiendo mi lugar y después del respectivo suspiro de resignación, continué comiendo mi platillo, pero Alex con un extraño fulgor en los ojos y sin probar bocado, encargó su apetitosa “petrolera” a mi cuidado y decidido se levantó a por la chica. Tímido como todos, se olvidó de si y acercóse a ella, quien ya le prestaba atención, acto seguido la hizo reir, acomodarse el cabello, dudar, sonrojarse, de nuevo reir y echarse sorpresivamente a caminar juntos por toda la escuela. Fue entonces que un trozo de carne cayó de mi boquiabierta boca, y para hacerlo más espectacular todo mundo, todos los compañeros, todos fuimos testigos con la envidia en los ojos. Lo último que vimos fue a Alex perderse a lo lejos con aquella chica, y lo que pasó después sólo él lo sabe.

Así termina esta historia de amor, o al menos así quiero que termine, pues días después la chica se hizo novia de uno de los más guapos, sino es que del más guapo (por el bien de la anécdota) alumno y rubio capitán del equipo de basketball, y Alex volvió a ocupar su lugar junto a mi como unos desconocidos más de la escuela.
En fin, que aquella tarde se quedó en la memoria de todos, la chica se divirtió, Alex la conquistó, y yo afortunado, comí una doble ración de “petrolera”.

EL CANTINERO

 

¿Qué cuál es mi trabajo? Yo me dedico a hacer sentir mejor a la gente. No, no soy payaso (no se trata de hacerlos reír), tampoco soy médico (digo, no se trata de hacerlos sentir peor) ni tampoco soy sacerdote (tampoco es la idea engañarlos). Yo soy cantinero y mi trabajo es ayudar a las personas. Si así, cantinero, como un oficio cualquiera, no “barman” como algunos estúpidos quieren forzarnos con esa frase que no dice nada. Llevo años en el negocio y sinceramente no es por el bar o por mis comunes tragos, no, la gente me busca porque los hago sentir simplemente mejor.

Soy el tipo que siempre sonríe, que sonríe mejor que nadie, el tipo al que nunca le afecta nada, el hombre de hierro, el tipo que tiene mil amigos y por supuesto no tienen ninguno, el fulano inquebrantable que nunca es amargo y que siempre es dulce, un salvavidas para el ánimo de cualquiera, el hombre con todas las respuestas a cualquier pregunta.

¿Qué si seré sabio y sagaz? ¡que va! Digo, de tantos relatos algo habré aprendido, como no, pero mis consejos no son maravillosos, vaya, al contrario, son hasta vagos y corrientes, incluso lo reduzco más, se trata de un simple y único consejo, y este es: “todo se arreglará”.

 

Y realmente funciona, lo que la gente quiere no es una verdadera solución o un milagro, las personas no son imbéciles, esto es más simple de lo que creen, ellos sólo quieren desahogarse, beber unos tragos, hablar, ser escuchados y sin importar el problema oír de mis labios “no importa, todo saldrá bien”; entonces la maravilla está hecha.

Esto no es gran ciencia, frente a mi barra he visto y escuchado de todo, los hombres se proyectan desnudos, indefensos, temerosos como infantes, sin armaduras, con la lanza y el escudo a los pies, tal y como dios los ha creado, y lo que yo hago es simplemente escucharlos y sonreír como un hermano, un padre o el amigo que nunca tuvieron. Los líos van de lo cotidiano a lo escandaloso, deudas, dinero, trabajo, pleitos, enfermedad y por supuesto la más recurrida, el amor.

 

Y así, hoy, como todos los días la jornada ha terminado, la velada se ha extinguido y el último borracho ya se fue. Hoy como cada noche ayudé a la gente a sentirse mejor, hoy como a diario los escuché y conforté, hoy también sonreí y sonreí y sonreí y sonreí hasta el final, hasta ahora que me quedo solo y camino por la solitaria calle, pues sinceramente soy muy profesional. Pero una vez en soledad viene esa angustia de la que no estoy exento, viene el profundo y punzante dolor, aquel al que nunca me había enfrentado, aquel miedo terrible que ahora me aqueja, aquélla pena profunda que hoy hace que me desmorone y me hace desear la muerte, hoy siento con toda franqueza que ya no puedo ni quiero vivir más. ¿Qué porque no voy a casa con mi mujer? Porque esa es la peor idea, peor que la muerte, mostrar mi debilidad ante ella sólo consigue humillarme aún más con su regodeo, y eso no volverá a pasar.

Así que me apresuro por la calles, se a donde tengo que ir, hacer lo que todo mundo hace, por fortuna hay más hombres como yo, no soy único, hay otro bar, hay otro cantinero, sólo tengo que dar vuelta a la esquina. Pero cuando llego, veo la cortina cerrada y los parches de clausura en la negada entrada, caigo en la cuenta de que no hay otro bar, ni ningún otro cantinero que no sea yo.

 

Es entonces que soy el hombre más desolado y solitario que hay en el mundo.

INTEMPESTIVO

 

 

Eras lindo, atento, guapo, honesto, trabajador, inteligente, esas cosas que a cualquiera le gustan, y más allá, incluso eras gracioso, castaño, alto, delgado, alegre y atlético, ya sabes esas cosas que me gustan a mi. Además tenías valor, atención, vigor sexual, hipocresía  y dinero lo que te hacía el hombre perfecto a ojos de mis amigas.

Así que me casé… pero con otra persona.

Y no por las cuestiones señaladas, que va, sino por un pequeño detalle, o mejor dicho un pequeño defecto. Eras el hombre más impuntual del mundo, siempre, siempre, llegabas tarde. Eras exasperante.

Con el tiempo confirmaste mi inclinación por otro, pues el día de mi boda intempestivo y jadeante entraste a la iglesia a gritos para impedir las nupcias. Lástima que para entonces yo ya me encontraba partiendo el pastel con mi esposo en una bonita fiesta muy lejos de ahí.

pumas1

 

Así en tono argentino para que suene con más pasión. Para algunas personas que no les gusta este deporte yo soy muy aficionado al fútbol, para aquellos que les encanta soy una persona muy desapegada de ello. La verdad como casi siempre está a la mitad, ni desprecio al fútbol, ni soy su más fiel seguidor. Generalmente no voy a los estadios, ni compro el record, no se de estadísticas y ni veo los clásicos chivas-américa (clásico 0-0), aunque si algunas finales o juegos clave. Pero más que tenerle afecto a este deporte, le tengo afecto a un equipo, claro y obvio al que es mi equipo, los pumas de la UNAM.

Como es costumbre, generalmente le vamos al equipo que nos sorprende cuando somos niños y en aquel entonces, estaban las finales del futbol mexicano de 1988 y llamó fuertemente mi atención el póster de los jugadores de los pumas con su logo ocre gigante en el pecho, parecían poderosos y más cuando escuchaba sus apellidos, Negrete, Flores, García; así que decidí apoyarlos (ahora creo que para siempre). Claro, la realidad te demuestra que debes crecer y aunque los pumas llegaron aquel verano a la final, américa los aplastó en el azteca 4-1. A mis 8 años sentí verdaderas ganas de llorar pero la vergüenza con mi familia y vecinos pudo más.

 

Puedo decir que mi afecto a este equipo permanece y es que me gusta su personalidad, por un lado (lo choteado) representa a una institución, como todos, pero no como la de todos, no es a una televisora, cervecería, al chovinismo, o población local, es a la universidad, que si, no son universitarios los jugadores, pero aún así la representan en el circuito del futbol mexicano, eso me gusta pero además, es su esencia, no tienen el poder económico de otros equipos (y por fortuna su tiranía), no se les sospecha de trampas por lo mismo, siempre están llenos de jóvenes y creando jugadores (últimamente si, lo acepto les falta producir estrellas), es un equipo dinámico, trabajador, sin reflectores, sin presunción, con grandes históricos, y si también no es el más ganador, no presume de muchos campeonatos (pero si de los más emocionantes), muchas veces les falta fútbol como especialmente ha ocurrido en este torneo, pero a cambio siempre salen a gastarse y a correr hasta el fin, en los últimos partidos han conseguido gol en el último minuto, eso a pesar de que ya ni siquiera lo necesitaban realmente.

 

No se hasta donde lleguen en este torneo, (el Pachuca es una aplanadora), pero por lo pronto mi equipo ya me ha hecho muy feliz, y por que no, quizás en una de esas y con un poco de suerte hasta conquisten la cima. Pase lo que pase y de cualquier manera, como no te voy a querer.

 

Hace poco tuve un romance con un libro. O al menos eso me pareció, como dicen por ahi “los libros son los que eligen a sus lectores y no al revés” creo también, que los libros determinan cuando hacer a un lado a su aburrido lector.

 

Como es común en la vida, caminando sobre Reforma y sin objetivo alguno, encontré aquella miniferiecita del libro. Sin proponérmelo conocí un libro con muy buenas historias de Robert Louis Stevenson y guiñándome un ojo y dándome a entender por su precio que quería acompañarme, lo adquirí y lo llevé conmigo. Sinceramente estaba algo escéptico por el estilo del libro y sobre todo oxidado por la lectura, así que coqueteabamos sin mucho convencimiento. Poco a poco empezó a acompañarme a todo lugar, su tamaño era perfecto y sus historias comenzaban a cautivarme. Cuando me di cuentan no podía salir sin él, lo necesitaba y fue entonces que comencé a llevarlo conmigo a todos lados.

 

Quizás por su tamaño en general y su buena ilustración en portada llamaba mucho la atención, yo me sentía orgulloso y no dudaba en presumir mi conquista cada que era posible. Pero una noche que veníamos de un paseo nocturno y de una apasionada lectura en metro, (y justo cuando el bello libro se me había entregado a más de la mitad) sucedió que de una tertulia o fallida fiesta (no lo sé), salió uno de mis vecinos ligeramente ebrio invitándome a su festejo. Me negué, pero a temor de parecer un patán, acepté su invitación (muy brevemente según yo).

 

En el lugar había muy poca gente y entonces comenzó la charla superflua (que es la más cómoda en las fiestas), mi libro y yo estábamos juntos muy cómodamente, y a un descuido de ambos, mi bello libro ya se encontraba en manos de otro. No quise parecer un celoso ridículo, así que lo dejé hacer.

 

El libro parecía desconfiado, pero al poco tiempo ya se regodeaba por la zona mucho más seguro que yo. Ya había explicado y presumido ligeramente su contenido al menos un par de veces, pero de pronto cayó en manos de un personaje peculiar. Era un tipo extraño y feo que no sabía exactamente que tenía frente a él, lo miraba con curiosidad y releía una y otra vez la contraportada, la portada parecía simplemente que lo absorbía profundamente.

 

Bebí un poco de cerveza y con cierta tristeza y deseo miraba a mi libro quién parecía hacer lo mismo de su parte. Comencé a intuir que ya no me necesitaba a mi y que se encontraba si bien un poco lastimado por el tosco uso, muy conciente de su efecto en aquel tipo. La charla y la velada siguió al grado de que cuando intenté retirarme de ahi, me di cuenta qu  mi libro ya me había abandonado y que se había ido a los brazos y ojos de otra persona.

 

 Abandoné la reunión algo decepcionado, ese libro y yo comenzábamos a pasarla muy bien, no es su valor físico sino el sentimental el que me duele, nos quedamos a medias de una historia muy importante. Al otro día pregunté a los parroquianos si lo habían visto pero nadie supo darme razón. A veces trato de imaginar en que podía haber acabado la historia que me contaba y de que pudo haber tratado el último cuento que me tenía reservado, quizás nunca lo sabré pero ya no vale la pena pensar en ello. Espero que me recuerde como un fiel lector y como alguien que le tomó mucho aprecio. Pero la verdad no me sorprende demasiado, lo encontré en Reforma, en plena calle, sabía que era un libro aventurero que estaría brevemente en mis manos y así lo quise, debo aceptarlo. Ahora trato de imaginar que en su sed de aventura se encuentra en manos de algún otro buen lector o que le servirá a algún estudiante mucho más necesitado de sus historias que yo, quiero creer que así es.

 

Mientras tanto no me queda más que salir con algún viejo libro, esperando reavivar algún amor intenso por una historia y esperar a que en alguna calle, casa o librería, un bonito libro pueda verme con simpatía y salte a mis brazos para que podamos entregarnos y escapar uno al lado del otro.