Era una noche de rutina. Había trabajado hasta muy tarde y en pijama estaba por meterme a la cama. Mi habitación, para que se den una idea, es de tamaño pequeño, sencillamente es un dormitorio. Sólo mi cama, un tocador, su closet y una pequeña mesa caben ahí dentro. Todo estaba listo para irme a dormir como de costumbre, así que apagué el interruptor de la luz que está justo en la entrada, en el marco de la puerta.
Fue entonces que ocurrió la locura.
Lo primero que me sorprendió fue encontrarme en la oscuridad total. Ya había dicho que apagué la luz, claro, pero en la mayoría de los casos un ligero resplandor se cuela por la ventana proveniente de cualquier cosa, ya saben iluminación de la calle, luna llena, vecinos trasnochando o simplemente la ciudad; pero esta vez, extrañamente ninguna estaba ahí, así que como les dije, me quedé sumido en la más profunda oscuridad. Si bien me pareció raro, no le di demasiada importancia al hecho y me dispuse a meterme a la cama.
Como ustedes ya sabrán en sus propias habitaciones, uno tiene ya aprendidas las distancias, y aunque no se pueda ver, cada quien tiene en su mente un mapa detallado de la ubicación de los muebles y de las distancias que los separan. Pues bien, yo calculé los pasos y la dirección en la que se encontraba mi cama como en cualquier noche, y curiosamente, después de dar los pasos necesarios, no sentí mueble alguno. Me quedé frío. Aquello era muy extraño, sentí un poco de miedo y vergüenza, ya que ridículamente no encontraba mi propia cama frente a mi. Me sentí estúpido, tantee con los brazos extendidos y hasta con la punta de los pies hacia distintas direcciones; pero era inútil, no podía sentir absolutamente nada, nada material, nada físico. Un poco alarmado para ser sincero, eché marcha atrás para buscar a tientas el interruptor de la luz que había soltado hacía segundos, pero al dar los pasos, según yo, necesarios; no daba ni sentía con switch alguno, ni puerta alguna, ¡vamos! que ni siquiera con el muro de la habitación.
Angustiado ahora si realmente, lo único que se me ocurrió fue agacharme como un tonto para tocar el piso y convencerme de que estaba en tierra y sentir al menos una superficie. Gateando comencé a andar como si fuera un perro. Extendía las manos frente a mi, y aún andando varios metros en distintas direcciones ¡no podía tocar un solo muro! ¡aquello era inaudito! Solamente sentía el piso, la superficie lisa en la que andaba como si esta fuera parte de un inmenso salón y nada más ¡No había muros a mi alrededor!¡No había nada!
Confundido y en la más terrible de las ansiedades me incorporé. Mi mente buscaba, intentaba razonar lo que había pasado, me culpé por haber andado de aquí a allá en todas direcciones, quizás ya me había alejado bastante de mi habitación, ¡pero eso era ridículo! Si me encontraba dentro de un cuarto de 5x 5 metros, ¡esto era imposible!, ¡no encontraba explicación alguna! Más de una vez me repetí que se trataba de un sueño, pero mientras más apretaba mis propios brazos y golpeaba mis puños contra el piso, más caía en cuenta de que no se trataba de sueño alguno, ¡esto era real!
Alarmado y temblando comencé a andar, primero caminando, luego trotando y finalmente ¡corriendo! Era la locura, ¡podía correr por aquella oscuridad eterna sin poder ver nada o tocar algo! Enloquecido gritaba por ayuda, pero mis gritos se perdían sin eco alguno y parecían vivir y morir al instante simplemente en mis labios. Pasé horas y horas tratando de encontrar una luz, un objeto, una salida.
No se cuanto tiempo he pasado aquí, ni allá en mi habitación ahora en soledad; pero siento que han sido largos años. Yo he andado desde entonces en la negrura total, creo que aún en pijama, sin haber podido a través de este tiempo, ver o tocar algo. Estoy a punto de rendirme y esperar mi fin, pero siempre tengo un sueño, uno en el que al siguiente paso que doy, puedo sentir un muro, una pared sólida, el marco de la puerta… y presionar el interruptor para encender la luz y encontrarme nuevamente a salvo en mi pequeña habitación.