Archive for Diciembre, 2009

pinataDespués de pedir la posada, entraron los peregrinos; los acomodaron en el nacimiento y repartieron la colación. Convidaron ponche en vasitos de unisel y todos volvieron al patio para colgar y romper la piñata. Los niños encaprichados batallaron para quebrar su estrella, y cuando lo consiguieron, lucharon por la posesión de fruta, dulces y cucuruchos de cartón plateado. Después siguieron los adultos y para cuando Anselmo se dio cuenta, ya tenía la venda en los ojos y lo mareaban con vueltas poniéndole un palo entre las manos.

      Entre gritos de apoyo y confusión, aquel lanzaba palos ciegos rastreando la piñata y golpeó con todas sus fuerzas cuando por fin la sintió. Con rabia y esmero se concentró en reventarla y después de sonoros ecos y gritos de exaltación escuchó el desparramiento de aquel deseado relleno. Entonces se arrojó ansioso, pero entre aquella euforia sólo abrazó cabellos y narices batidos entre tibia sustancia.

     Cuando al fin se quitó la venda pudo ver que dos personas estaban a sus pies con las cabezas abiertas y los cráneos reventados, hundidas en charcos rojos entre trocitos de cerebelo. Todos inmóviles contemplaban mudos y estupefactos a Anselmo arrodillado. Él asustado, sólo vio entre lucecitas bamboleándose sobre su cabeza a la piñata intacta, que, con su forma de diablito le dedicaba una peculiar risita.

oscuridadEra una noche de rutina. Había trabajado hasta muy tarde y en pijama estaba por meterme a la cama. Mi habitación, para que se den una idea, es de tamaño pequeño, sencillamente es un dormitorio. Sólo mi cama, un tocador, su closet y una pequeña mesa caben ahí dentro. Todo estaba listo para irme a dormir como de costumbre, así que apagué el interruptor de la luz que está justo en la entrada, en el marco de la puerta.

     Fue entonces que ocurrió la locura.

     Lo primero que me sorprendió fue encontrarme en la oscuridad total. Ya había dicho que apagué la luz, claro, pero en la mayoría de los casos un ligero resplandor se cuela por la ventana proveniente de cualquier cosa, ya saben iluminación de la calle, luna llena, vecinos trasnochando o simplemente la ciudad; pero esta vez, extrañamente ninguna estaba ahí, así que como les dije, me quedé sumido en la más profunda oscuridad. Si bien me pareció raro, no le di demasiada importancia al hecho y me dispuse a meterme a la cama.

     Como ustedes ya sabrán en sus propias habitaciones, uno tiene ya aprendidas las distancias, y aunque no se pueda ver, cada quien tiene en su mente un mapa detallado de la ubicación de los muebles y de las distancias que los separan. Pues bien, yo calculé los pasos y la dirección en la que se encontraba mi cama como en cualquier noche, y curiosamente, después de dar los pasos necesarios, no sentí mueble alguno. Me quedé frío. Aquello era muy extraño, sentí un poco de miedo y vergüenza, ya que ridículamente no encontraba mi propia cama frente a mi. Me sentí estúpido, tantee con los brazos extendidos y hasta con la punta de los pies hacia distintas direcciones; pero era inútil, no podía sentir absolutamente nada, nada material, nada físico. Un poco alarmado para ser sincero, eché marcha atrás para buscar a tientas el interruptor de la luz que había soltado hacía segundos, pero al dar los pasos, según yo, necesarios; no daba ni sentía con switch alguno, ni puerta alguna, ¡vamos! que ni siquiera con el muro de la habitación.

     Angustiado ahora si realmente, lo único que se me ocurrió fue agacharme como un tonto para tocar el piso y convencerme de que estaba en tierra y sentir al menos una superficie. Gateando comencé a andar como si fuera un perro. Extendía las manos frente a mi, y aún andando varios metros en distintas direcciones ¡no podía tocar un solo muro! ¡aquello era inaudito! Solamente sentía el piso, la superficie lisa  en la que andaba como si esta fuera parte de un inmenso salón y nada más ¡No había muros a mi alrededor!¡No había nada!

     Confundido y en la más terrible de las ansiedades me incorporé. Mi mente buscaba, intentaba razonar lo que había pasado, me culpé por haber andado de aquí a allá en todas direcciones, quizás ya me había alejado bastante de mi habitación, ¡pero eso era ridículo! Si me encontraba dentro de un cuarto de 5x 5 metros, ¡esto era imposible!, ¡no encontraba explicación alguna! Más de una vez me repetí que se trataba de un sueño, pero mientras más apretaba mis propios brazos y golpeaba mis puños contra el piso, más caía en cuenta de que no se trataba de sueño alguno, ¡esto era real!

     Alarmado y temblando comencé a andar, primero caminando, luego trotando y finalmente ¡corriendo! Era la locura, ¡podía correr por aquella oscuridad eterna sin poder ver nada o tocar algo! Enloquecido gritaba por ayuda, pero mis gritos se perdían sin eco alguno y parecían vivir y morir al instante simplemente en mis labios. Pasé horas y horas tratando de encontrar una luz, un objeto, una salida.

     No se cuanto tiempo he pasado aquí, ni allá en mi habitación ahora en soledad; pero siento que han sido largos años. Yo he andado desde entonces en la negrura total, creo que aún en pijama, sin haber podido a través de este tiempo, ver o tocar algo. Estoy a punto de rendirme y esperar mi fin, pero siempre tengo un sueño, uno en el que al siguiente paso que doy, puedo sentir un muro, una pared sólida, el marco de la puerta… y presionar el interruptor para encender la luz y encontrarme nuevamente a salvo en mi pequeña habitación.

normal_sapoLa princesa miró a aquel sapo a los ojos, quitole de un soplido lodito de las ancas y con cierta repugnancia le dio un besito. Aquel, pobre e ilusionado aun no abría los ojos encantado por el beso, cuando la princesa ya se alejaba corriendo arrepentida. Así pasaron muchos años en los que la orgullosa princesa se dignaba sólo de vez en cuando a soltar un beso a algún sapo o rana de la región y veía desilusionada como aquellos anfibios sólo de color cambiaban en el mejor de los casos. Ninguno cobraba forma de galante y añorado príncipe.

Un día aburrida, miró su propio reflejo en el sucio estanque en que acostumbraba pasear, y en aquel espejo fangoso vio sus ojos saltones, su gorda y palpitante papada, sus manchas verdes y su gran boca sin dientes. Entonces cayó en la cuenta de que ella también era un sapo y que lo había sido toda la vida. También notó otra cosa: ella era la última de su especie en aquel mugroso estanque.

pinosPapá salió de casa muy temprano echándose el abrigo y el hacha al hombro. Nos dijo a mi hermana y a mi que volvería por la tarde, que nos traería un gran pino; un frondoso y bello árbol para decorarlo y hacer notar que la navidad ya estaba en casa. Por la ventana, a través de la niebla, con escarcha en las ventanas y nieve en el horizonte, vi alejarse a papá y perderse hacia lo alto de la montaña internándose en el bosque. Fue la última vez que lo vimos.

Durante los siguientes 3 días el sheriff y los vecinos formaron expediciones para buscarlo. Yo esperaba paciente que la noche de navidad regresara, pero nunca sucedió. Amanecí con un sabor amargo, y con la casa más fría en la peor de las navidades. Después de que cesó la nieve dos semanas después, un vecino nuestro encontró vestigios de lo que habían sido las intenciones de mi padre. Encontraron su hacha aún clavada en el tosco y grueso tronco de un gran pino. Sin duda mi padre, ambicioso, había escogido bien un hermoso y vigoroso árbol para despojarlo de su punta y adornar con ello nuestra miserable casa. Evidentemente nunca lo logró, lo único que se encontró fue el hacha enclavada en el tronco, olvidada, solitaria, sólo eso y nada más. Ningún rastros de su cuerpo, ni siquiera huellas de sus pies, nada. Como si se lo hubiera tragado la tierra o se hubiera desvanecido al viento.

Todos en el pueblo al menos supimos en que árbol fue y desde entonces se creó la leyenda de que el pino era una entidad milenaria, y que por ello, guardaba extraños secretos para evitar ser derribado. Algunos otros menos aventurados comentaban que papá sencillamente nos abandonó en claro pretexto… Yo aún tengo muchas dudas, pero sé que mi padre nunca nos hubiera dejado simplemente así.

Ahora, dentro de tres días es navidad. Ya han pasado 25 años desde que papá despareció. Hoy por la mañana prometí a mis hijos traerles un bonito pino navideño. Se exactamente de cual árbol se trata. Subiré a la montaña entre la niebla y la nieve y me enfrentaré con mi hacha a aquel pino que papá intentó derribar. Tal vez con cada golpe pueda abrirle un poco la memoria a ese pino para saber la verdad de lo que realmente pasó, o al menos, tal vez comparta el mismo destino de mi padre y sepa entonces de una vez por todas cual es el terrible secreto de ese pino navideño.


matchpoint1El match point es en el tenis el punto de partido. Aquel que dará el triunfo a un tenista y por supuesto, la derrota al contrario. Excelente título para esta película de Woody Allen, en la que un jugador retirado de tenis irlandés comienza a inmiscuirse de manera inocente en las esferas de la aristocracia británica, y poco a poco se dará cuenta que todos aquellos lujos que empieza a conocer son precisamente los que más deseaba y sobre todo los que ambicionaba para elevar su posición. Todo parece marchar bien hasta que en la familia inglesa con la que se inmiscuye, encuentra a una mujer con ideales tan fuertes como los suyos, y de pronto, se encontrarán batiéndose en un duelo de supervivencia hasta llegar a su propio Match Point.

Para aquellos que no conocen el trabajo de Woody Allen esta película es una gran oportunidad para comenzar a hacerlo, tan así que, la crítica la calificó como la mejor película de Allen en los últimos 15 años. La curiosidad, primero, la intriga después, y finalmente, la desesperación del “con melón o con sandía” están plasmadas magistralmente, llevándonos con incertidumbre hasta el final de la película. Excelente guión y gran actuación de Jonathan Rhys-Meyers, quien consigue lo imposible, hacer olvidar un poco a la lucidora Scarlett Johansson.

¿Que determina tu destino? ¿Tus ambiciones o la pura suerte? Una película muy recomendable.

rufino-tamayo-el-trovadorOstento el oficio de trovador, según dicta el respetable. Músico suena arriesgado, bardo demasiado clásico y “el de la guitarra” bastante obvio. Así que la gente prefiere llamarme trovador. Soy yo quien le canta al amor y a las víctimas del mismo, a los incautos que acuden tomados de la mano y que intentan por todo medio, permanecer cercanos.  Yo canto a aquellos que se extravían al mirarse, a aquellos que no cejan de tocarse, de entrelazar sus manos, de compartir bocados, de compartir suspiros.

     Yo le canto a la joven que descansa en el hombro de su amado, y que guarda junto a si el ramo de rosas que le ofrendaron. Le canto al pretendiente que nervioso enternecido, juguetea infantil con el pelo de su niña, conformándose con robar una pizca fragante de un suspiro tibio.

     Soy yo, el que musicaliza el ritmo de sus latidos y el eco de sus sonrisas. Yo doto a sus planes de mágica inocencia, acoplo sus futuros anhelos encendidos y conjugo sus deseos inmediatos y urgentes. Yo con mi estilo, consagro su amor a la sublime esfera de lo divino. Mi oficio es, el del cupido musical que encandila a la adolescente dudosa, que derrite el invierno de la anciana, o renace el fuego de la viuda. Es por mi que el caballero seduce a su dama, que el joven se hace digno ladrón virginal y los hombres se hacen hombres coronando su pasión. Soy el juglar del deseo, el mediador entre labios, el alcahuete del varón, el celestino de la hembra. Mi carcaj no lleva flechas si no canciones y mis canciones dulces dardos de amor. Me gusta lo que hago. Soy yo quien poliniza de cariño al corazón, soy yo el que edifica el afecto y consolida al amor. Yo doy a los humanos el regalo prometeo del regocijo amoroso. Del amor con sus pasiones, tiernas y salvajes, espirituales y carnales, físicas y emocionales, benditas y malditas, de encuentro, flechazo y ansias, de olvido, dolor y lágrimas. El amor total, en todas sus facetas, el amor diamantino de mil caras, de mil afectos. Amo mi trabajo como amo mis canciones, adoro regar amor con el roce de mis cuerdas, brotar arrebato con el timbre de mi canto, encandilar frenesí con el ritmo de mi guitarra.

     Ese les digo, es mi trabajo. Entro a diario de bar en bar, cantándole al amor y al deseo… de mesa en mesa, de pareja en pareja… hasta que conozco a una, o la reconozco a ella.  Ya había cantado con dulzura, ya había cumplido mi labor, me restaba retirarme. Pero altivo pagué caro mi orgullo, al presenciar con paciencia el final del prolongado beso de aquella envidiable amante.  Es justo ella, quien me daba la espalda, la que está ahí con aquel, la que se suponía… que era mi novia, y que ahora sé, es novia de alguien más. Ella es quien supuestamente me amaba, aquella por la que yo cantaba, aquella por la que yo soñaba. Era nuestra misma mujer, a la que yo le cantaba y a la que él besaba. Y cuando me reconoce, cuando nos encontramos; en el trance sorprendidos, deseamos la muerte infame por traición, por la burla y ruptura, por el engaño y el adiós. Así que elegantes, no queda más que odiarnos, en un mudo silencio, pues el amor al oficio, profesionales al cabo, es ridícula salida, y por eso es que ella continúa en el papel de la amante y yo en el del hombre que por siempre y para siempre ha de cantarle al amor.