CUENTO: UNA TAZA DE CAFÉ MÁS / POR LEAR
24 Feb 2010
Comenzó una noche cuando volví muerta del trabajo. Caí en la cama como un fardo después de revisar mil facturas. Y la negrura de mi sueño fue tomando forma, la niebla se fue disipando y distinguí sobre aquellas montañas violeta un amanecer de luz naranja. Yo usaba un vestido lindo, amplio con coqueto delantal y medias con brillantes. Jugaba con un perrito salchicha color azul que tenía dos cabezas y carecía de cola. Había pájaros de matices brillantes y las moscas eran de chocolate delicioso y crujiente. Las avestruces usaban zapatos de charol y los unicornios diamantes multicolores en sus cuernos. Finalmente la esfera con la que jugaba lanzándola al perrito, cayó a los pies de Él.
Él tenía el cabello rizado y una sonrisa bonita, muy simpática. Además tenía cejas muy marcadas y ojos muy profundos como dos pozitos de petróleo. Él tenía algunos rombos rosas en su chaleco grisáceo que hacía juego con las manchas sucias de sus mejillas sin afeitar. Él tenía pantalones de muchas bolsitas y de cada una sacaba dulces, caramelos, anillos y catarinas que ponía en la palma de mi mano. Él tenía un moño brillante al cuello, que en realidad era una mariposa, una que era muy elegante, quien a su vez usaba moño. Él tenía brazos velluditos que se erizaban cuando me tocaba y cuando lo acariciaba, revoloteaban luciérnagas en sus ojos y sus labios se humedecían.
Y así cada noche después del trabajo, cuando me iba a la cama, comenzaba aquel sueño; el maravilloso sueño de ese mundo mío en donde yo era feliz con Él, quien me cuidaba, quien me abrazaba, quien me besaba y me cortaba mandarinas de terciopelo para comer. Yo me sentía muy feliz.
Pero sucedió que un día, cuando hacíamos figuritas con las nubes mientras bebíamos lluvia, salió detrás de la luna un hada con figurita de princesa. Le preguntó por una calle mientras seductora le sonreía. Él estúpidamente la guió y le hizo una caravana cuando se despidieron. Yo no quise darle importancia al hecho, pero desde ese día Él actuó muy extraño. Ahora cuando duermo y comienzo a soñar ahí está ella, mostrando sus piernas sin recato, soltando aromas frugales con su pelo, refrescándolo con sus alas y contoneándose entre suspiros. Y él no deja de seguirla, de mirarla, la columpia con el arcoiris, le unta caracoles en la espalda, le cocina piñas con salchicha y le cuenta historias de oficina para que la “hadita” se asuste y se aferre al tórax de Él. Yo sólo he estado abandonada, en mi mundo, en mi sueño, hundida, ahora si en mi soledad real y ficticia.
Pero anoche ya no lo soporté más. Ella, -la desgraciada- le dejó un recado estrellado detrás de la luna para escapar juntos a lo más profundo de la galaxia de algodón. Antes de despertarme, Él me inventó una historia idiota sobre visitar a la cacatúa de su madre. Me dijo, entre caricias que me haría el amor para despedirse por unas cuantas noches nada más. Así que aquí estoy, en esta terminal de autobuses. Salí de trabajar y corrí para acá. Estoy haciendo tiempo, ¿Qué se cree Él, imbécil? ¿Que correré a mi cama para dormir y permitirle engañarme entre sus peludas piernas mientras piensa en largarse con aquella?. No señor, no soy tan idiota, Él imbécil y la zorra con alas no se burlarán de mi. Pienso quedarme despierta aquí toda la noche y todas las que sean necesarias para no darles su oportunidad. Así que mientras tanto, enciendo un cigarrillo y le pido a la camarera que me sirva una taza de café más.
2 Responses
2010 Feb 25
Esta muy lindo, aunque tiene cierta connotación a pesadilla en la calle del infierno, pero lo dicho aqui o en el mundo de fantasia los hombres son ojo alegre, ja!
2010 Feb 25
jajaja, es cierto, es como Freddy Kruger arruinando los sueños de inocentes, y no creo… los hombres no somos así, ojo alegres aquí ocurrió por que se trata de mera ficción… ejem!