CUENTO: ÁNGEL ELÉCTRICO / POR LEAR
04 Mar 2010
Diablillo jugaba con Querubín y Cupido a errar por el mundo de los humanos. Diablillo, menos conservador que los dos hermanos, les presumía los avances tecnológicos de la humanidad. Los llevó a conocer máquinas y electrónicos, pero lo que más llamó la atención de los angelitos fue la electricidad. Así que Diablillo comenzó con la presunción.
—Miren chicos— les mostraba, —este es un cepillo de dientes eléctrico, pruébenlo, hace cosquillas con sus “vi-bra-cio-nes” y Querubín reía con espuma en la boca. —Esta cosa de aquí— les dijo, es una rasuradora eléctrica, con ella podremos rasurarnos cuando seamos mayores y de un ademán rápido cortó un cairelito de Cupido. Después de eso les mostró un sin fin de artilugios novedosos. Jugaron en la escalera eléctrica, cocinaron en el horno eléctrico, sincronizaron ritmos en bombillas eléctricas y rockearon un poco con la guitarra eléctrica.
Al día siguiente Satanás leía su diario como todas las mañanas, —Vaya, sismo en Haití, no es que se nos haya pasado la mano, es que haya arriba alguien no está haciendo su trabajo como debería— pensaba, cuando vio salir discretamente a su hijo Diablillo, a quien atajó. —¡Hey tú diablillo!—, —¿A dónde crees que llevas esas cosas?— le preguntó. —Ohhh papá, simplemente voy a prestárselas a Querubín y Cúpido, tú sabes lo que puede pasar, será divertido— respondió Diablillo. Su padre lo miró con benevolencia y luego asintiendo dijo —Bien, no importa lo que les pase a ellos, pero eso si, regresas esa silla y esa sierra eléctricas a su lugar cuando termines—. Y fue así que Diablillo se alejó a la carrera feliz para encontrarse con sus amiguitos, mientras Satanás, su padre, pasaba el brazo por encima del hombro de su mujer y sonreía —¡Oh Lilith, nuestro muchacho está creciendo!—.
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