A punto de cenar en casa suena el teléfono. Es una noche tranquila con luna llena y cielo tapiado de estrellas. He vuelto del trabajo y comienzo a ponerme cómoda. El aroma de la cena me invita a correr a la mesa, pasta, queso, vegetales, vino, me ha dado más hambre. Finalmente contesto y escucho aquella tu voz que no escuchaba desde hacía tiempo. Me has sorprendido con tu llamada inesperada, con la cordialidad de tu acento y la galantería de tus palabras. Tienes talento para hacerme bien, para levantar mi ánimo y sobre todo alimentar mi ego. Me haces sentir realmente especial con cada cumplido. Me haces sentir única, deseada y en verdad pareces un hombre que me quiere. Me haces… sonreír un poco y sonrojarme, logran estremecerme los últimos recuerdos que pasé a tu lado, vienen a mi mente las siluetas de nuestros cuerpos en aquella noche romántica a la luz de las velas, tu aroma varonil y la calidez de tus abrazos. Vuelvo a sentir el mareo de tus besos, el vértigo de tus caricias y finalmente un soplo lejano, sútil pero muy helado… es tu desaparición, tu ausencia pues después te fuiste. Y aunque te extrañé demasiado y tardé en olvidarte, pasaron los días necesarios para desintoxicarme de ti. Y hoy, en esta noche en calma, de vientos amables y de estables emociones, te acuerdas al fin de mi e intentas reconquistarme diciéndome después de todo, que me necesitas de nuevo, que de verdad me has extrañado y que soy tan especial como vital en tus planes. Exiges un reencuentro urgido y necesitado. Hay desesperación en tus palabras cuando finalmente me dices que soy la mujer de tu vida, y que has llamado por eso, tan sólo, —para decirme que me amas—.

Sonrío conmovida y hasta cierto punto sorprendida, he temblado y me has turbado y tus palabras acumuladas me han arráncado un suspiro, pero ya me llaman a la mesa, mi esposo y mis dos hijos. Si, deseaba tu llamada, pero de eso pasaron ya, al menos unos 8 años, si hace cinco me buscaras seguro estaría contigo. Así que tan sólo el detalle agradezco, te invito a contemplar mi vida como un simple observador, buenas noches agrego y cortésmente te digo que sólo he contestado porque otra llamada esperaba y justo antes de colgar buena suerte te deseo.

candadoClaro que me daba coraje, ¡Ostias! Eso de saberse a si mismo cerrajero y no encontrar la llave para abrir un cerrojo es pa’ cagarse en el mismo oficio. Ya lo sabéis, se supone que uno vino para algo a este mundo, a realizar una labor o a dedicarse de lleno a algo. A mi nunca se me dio algo así como muy intelectual, de libros, estudios y esas cosas, pero como sea uno acaba por encontrar o tropezar con su oficio y el mío era precisamente el de cerrajero. Y si, tarde o temprano un vecino, un pariente o cualquier tío acaba por necesitar del cerrajero, necesitarme a mi pues, coño, y ya lo sabéis, ahí voy yo con mi cajita de cachivaches a quitar candados a desbaratar puertas y ventanas. Y no es que yo haya soñado con ser cerrajero pero ya lo veis, uno acaba por resignarse y que mejor que tomarle gusto a las cosas que fastidiarse la puta vida para siempre, que de por si es fastidiosa que… bueno ya lo sabéis.

El punto, joder, y a lo que iba, es que uno se hace de su respeto con los clientes, con los vecinos y cuando llega algún fuereño diciendo “oyé que tú sabéis de un tío que me abra este candado”, el vecino o tío en cuestión acababa diciendo, “pero que por supuesto que si, dale dos vueltas a la derecha y encontráis al cerrajero Manolo, y Manolo como buen profesional te abre ese candado que traéis y 20 más como ese o 40 más grandes si tu quieres”. Y en 10 minutos ahí estoy yo abriendo los 20 o 46 candados que al tío se le haya ocurrido abrir. Que bueno con esto lo que quiero decir es que si queda duda alguna de que yo sea buen cerrajero, pues que ya no haya ni una, porque trato de deciros que si que soy bueno.

Pero así como uno se es bueno para algo, resulta que la puta vida acaba por desgraciarte ese orgullito chiquito guardándotelo por el culo. Y es cuando vos te cagas en el manto de la madre que te parió deseando haberte dedicado a fallar tiros de penal con el Aleti o con el puto Barça. Lo que te quiero contar es lo que sigue. Resulta que hace un tiempito pues yo, sintiéndome orgulloso de mi reciente y establecido negocio acabé en uno de esos servicios de reparar chapas y cerrojos a domicilio, que conocí a la tía más guapa de todo Mallorca y que no vive sino aquí a tan sólo 3 manzanas de mi establecimiento. Pues bien, que después de cambiarle las chapas de su clóset y de la puerta de su casa le hice un tanto la platica como para tratar de conocernos. Ella, gustosa pareció seguir el hilo de incoherencias y de mis chanzas, ¿pues creerás vos que aceptó salir conmigo? Tú sabes, una cita, eso arreglarse, afeitarse y salir al cinema pa’ ver la cinta esa del puto Almodóvar que esté en el momento. Y así le hicimos, ya sabes, viéndome yo todo un caballero, un dandy, llevándole flores, diciendo cosas lindas, y mirándola entre suspiros. Pues que a la tercera vez de hacer todo esto, ósea a la tercera cita, la tía esta se me había clavado en el corazón más fuerte que el pitón de un toro por el orto al matador. Y pues, para mi beneficio yo sentía gustarle a la mujer. Así pasaron días más cuando por fin me aventuré a decirle lo mucho que la quería, a contarle de una santa vez como mi corazón me rebotaba al pecho cada vez que me saludaba y como mis oídos no hacían más que extrañar su risa. Que me moría por besarla, que me moría por tenerla y que si ella no me aceptara a mi como su chico, pues que no iba a pasar otra cosa más que morirme, que la vida no valía ni puta peseta si ella no pensaba aunque sea la mitad de lo que yo pensaba en ella.

Y vamos, la señorita me escuchó todo; como que se lo pensó muy bien, me sonrió y me dijo: “Mira Manolo, que tu eres un buen tío, un tío guapo, un tío galante, un tío gracioso, pero aquí te digo por la verdad de mi madre que sólo te quiero como amigo”. Ahí quedé yo. Me morí. Bueno la verdad no me morí sino quien coño te estaría contando esto, pero sentí como la viva muerte me arrancaba de una dentellada las ganas de existir de un planchazo. Y desde entonces mi amigo, me dije, “Manolo, que si eres un hombre y que si eres cerrajero, haz de encontrar la puta combinación, haz de poner tu empeño y tu maestría para crear la llave que pueda abrir el cerrojo de este tomate de corazón que tiene esta tía, el corazón de mi chica , pues”. Y Aunque le dije que, “Coño, que yo te entiendo, no hay ningún problema, amigos pues” la pura verdad es que desde ese día puse mi astucia de cerrajero para encontrar la llave que abriera su delicadito cerrojito. Y así paciente, paciente; delicado, suave, sencillo, metiendo ganzúa con delicadeza, alambrito fino, fino, palanca, desarmador. Midiendo grosor, espesor, sopesando resistencia, material, probando con níquel, cobre, plomo, acero, aluminio y lo que la jodida madre te venga a la mente pasé años de mi vida tratando de encontrar la combinación correcta para abrirle el candado aquel que aquella mujer se había colgado al pecho para conmigo.

Hasta que un día, se mudó aquí cerquita un mecánico, de esos mugrosos que traen la jodida cara, la manos y hasta el culo lleno de grasa, ¡ah! Pero eso si, con su par de patillas más grande que el Bernabeu y un desgraciado copete como de proa de barco. ¿Pues no el muy cabrón comenzó a consecuentar a la que era mi amada? ¿Y la otra tía ahí estaba de imbécil con dos semanas que tenía apenas de conocerle? Pues que los he visto salir, en cita, como yo salía con ella. ¡Y es así que un hijo de puta mecánico de mierda ha encontrado la llave que yo llevo años en fabricar!

Pues amigo mío si soy un buen cerrajero y que vaya que lo soy, te diré una cosa, que si no tengo yo, ya la fortuna ahora perdida, de haber creado esa llave; esa llave para abrir el jodido candado del corazón de mi dama, que entonces cerrajero soy al fin y al cabo, y así como abro cosas también las cierro, y juro por mi madre y por esta copa de brandy que como cerrajero que soy, ¡también sé poner candados! ¡También sé poner cerrojos! ¡Y que a esta tía le voy a poner en el alma y en el corazón más remaches, más pasadores, más cerrojos, más cadenas y más candados de los que hayáis visto, que ni el tipo de las patillas, ni el santo de los cerrajeros y ni dios mismo le quitarán jamás!


doriannWilliam la acompañó a la salida de su edificio llevándola hasta el coche que le había pedido minutos antes. Era una noche fría llena de estrellas. Alice estaba ansiosa y extasiada.

—William mi amor, no quisiera separarme de ti. Aún no me marcho y ya comienzo a extrañarte. De verdad ansío que todo salga bien, mis padres estarán aquí mañana, ya lo sabes. Les he hablado tanto de ti, están ansiosos por conocerte, así que tratemos de darles la mejor impresión posible y estoy segura que aprobarán sin problemas nuestro matrimonio. Mañana pedirás mi mano, y en mes y medio seremos marido y mujer, ¡Apenas puedo creerlo!— exclamaba risueña Alice mientras se agazapaba en los brazos de William.

—Así es corazón, ya pronto estaremos juntos y te aseguro que ningún detalle faltará, ya tengo todo arreglado para mañana, el vino, las flores, los obsequios y un precioso y antiguo anillo familiar. He cuidado tanto mis palabras que tus padres quedarán maravillados, así que no guardes recelo o preocupación alguna, la noche será inolvidable y en breve iremos a vivir a Amsterdan donde mis padres me han cedido una pequeña villa, estarán encantados contigo, ¡ya lo verás!—

Se despidieron con un entregado abrazo, y un apasionado beso que tuvo que contener él; pues un caballero debe respetar a una dama, aún cuando estos están apunto de enlazarse en matrimonio. El cochero esperaba paciente, y aunque fue testigo de la singular despedida, fingió indiferencia bajo su sombrero de copa.

—¡Hasta mañana amor mío— dijo ella, —¡Hasta mañana querida!— le contestó, mientras la veía perderse entre la bruma de la nocturna metrópoli.

William permaneció en su pórtico ante la calle semivacía, mirando su propio edificio que estaba a punto de abandonar. Tenía en el desván su maleta echa, su equipaje preparado y partiría por la mañana para no volver jamás. De entre las sombras cercanas, alguien le salió al paso mientras le aplaudía secamente.

—¡Bravo William! ¡Lo has hecho de maravilla!— exclamaba Lord Henry. Era un tipo de aspecto aseado, fino bigote y complexión elegante. —Ahora mismo firmaré la recomendación para integrarte en la compañía Lear, vaya que si urgen con presteza actores como tú. Como comprenderás no cualquiera puede llegar a ser un gran actor, pero tu tienes madera, tienes esa seguridad y ese egoísmo para brillar como los grandes. El teatro necesita de tipos como tú.

William apenas le miraba, en sus pupilas titilaban las estrellas, Lord Henry lo percibió, —¿Qué te pasa?— ya lo veo— repuso, —¿Te preocupa esa chica verdad?— William asintió, —No te preocupes— exclamó Henry. En un par de meses estará como nueva, las mujeres de hoy día así son, te convencen de ser el amor de su vida un día, y al siguiente, es el perfumista más próximo quien ocupa ese lugar. Te lo digo yo, tres divorcios, amigo. Toma— mientras le extendía la misiva firmada recomendándolo para una importante puesta en escena en Boston, que le aseguraría una brillante carrera.

—Anda— continuó Henry W. —La chica ni se imagina que mañana estarás en América, y no en el hall de su casa esperando ser pedida. Si lo piensas William, ella tiene la culpa, eso de enamorarse en un par de meses perdidamente por un hombre que apenas y conoce si que es estúpido, pero piensa en esto William. Si lo hizo, si te ha jurado amor eterno, si ha confiado sus secretos, su corazón y su futuro a tu persona; es gracias a tu habilidad como actor, a tus capacidades, tu naturalidad y a tu brillantez histriónica. ¡Eres fabuloso actor William! y esta prueba que pone la compañía de teatro Lear para consolidar tu talentos es genial. Mira que mandar a sus estudiantes de drama a salir por las calles de Windsor a conquistar señoritas para corroborar y consolidar los dotes artísticos de sus actores es una gran idea. William, hoy dejas este humilde terruño, mañana te espera la fama en el nuevo mundo. Y esta señorita y sus sentimientos, créeme será lo último en lo que pienses.

William tomó la recomendación suspirando, despidió a Lord Henry en la puerta con un apretón de manos, y a continuación volvió a observar el firmamento, buscando entre las estrellas una que comenzara a brillar como su futura carrera.


sherrie__s_cofee_break_by_k_a_d_lComenzó una noche cuando volví muerta del trabajo. Caí en la cama como un fardo después de revisar mil facturas. Y la negrura de mi sueño fue tomando forma, la niebla se fue disipando y distinguí sobre aquellas montañas violeta un amanecer de luz naranja. Yo usaba un vestido lindo, amplio con coqueto delantal y medias con brillantes. Jugaba con un perrito salchicha color azul que tenía dos cabezas y carecía de cola. Había pájaros de matices brillantes y las moscas eran de chocolate delicioso y crujiente. Las avestruces usaban zapatos de charol y los unicornios diamantes multicolores en sus cuernos. Finalmente la esfera con la que jugaba lanzándola al perrito, cayó a los pies de Él.

Él tenía el cabello rizado y una sonrisa bonita, muy simpática. Además tenía cejas muy marcadas y ojos muy profundos como dos pozitos de petróleo. Él tenía algunos rombos rosas en su chaleco grisáceo que hacía juego con las manchas sucias de sus mejillas sin afeitar. Él tenía pantalones de muchas bolsitas y de cada una sacaba dulces, caramelos, anillos y catarinas que ponía en la palma de mi mano. Él tenía un moño brillante al cuello, que en realidad era una mariposa, una que era muy elegante, quien a su vez usaba moño. Él tenía brazos velluditos que se erizaban cuando me tocaba y cuando lo acariciaba, revoloteaban luciérnagas en sus ojos y sus labios se humedecían.

Y así cada noche después del trabajo, cuando me iba a la cama, comenzaba aquel sueño; el maravilloso sueño de ese mundo mío en donde yo era feliz con Él, quien me cuidaba, quien me abrazaba, quien me besaba y me cortaba mandarinas de terciopelo para comer. Yo me sentía muy feliz.

Pero sucedió que un día, cuando hacíamos figuritas con las nubes mientras bebíamos lluvia, salió detrás de la luna un hada con figurita de princesa. Le preguntó por una calle mientras seductora le sonreía. Él estúpidamente la guió y le hizo una caravana cuando se despidieron. Yo no quise darle importancia al hecho, pero desde ese día Él actuó muy extraño. Ahora cuando duermo y comienzo a soñar ahí está ella, mostrando sus piernas sin recato, soltando aromas frugales con su pelo, refrescándolo con sus alas y contoneándose entre suspiros. Y él no deja de seguirla, de mirarla, la columpia con el arcoiris, le unta caracoles en la espalda, le cocina piñas con salchicha y le cuenta historias de oficina para que la “hadita” se asuste y se aferre al tórax de Él. Yo sólo he estado abandonada, en mi mundo, en mi sueño, hundida, ahora si en mi soledad real y ficticia.

Pero anoche ya no lo soporté más. Ella, -la desgraciada- le dejó un recado estrellado detrás de la luna para escapar juntos a lo más profundo de la galaxia de algodón. Antes de despertarme, Él me inventó una historia idiota sobre visitar a la cacatúa de su madre. Me dijo, entre caricias que me haría el amor para despedirse por unas cuantas noches nada más. Así que aquí estoy, en esta terminal de autobuses. Salí de trabajar y corrí para acá. Estoy haciendo tiempo, ¿Qué se cree Él, imbécil? ¿Que correré a mi cama para dormir y permitirle engañarme entre sus peludas piernas mientras piensa en largarse con aquella?. No señor, no soy tan idiota, Él imbécil y la zorra con alas no se burlarán de mi. Pienso quedarme despierta aquí toda la noche y todas las que sean necesarias para no darles su oportunidad. Así que mientras tanto, enciendo un cigarrillo y le pido a la camarera que me sirva una taza de café más.

vintage-valentine-love-amor-tarjeta-popup-09Quise verme original y no regalarte globos, flores ni chocolates. Quise verme modesto y no darte un viaje, ositos Tous o joyería. Quise verme clásico pero no acudiendo a mariachis, cenas, ni mucho menos hotelazos. Así que se me ocurrió darte una tarjeta, pero ninguna de Snoopy, Garfield o Cowco, sino una tarjeta forjada con mis propias manos. Así que elegí un papel vistoso, de llamativa textura, unos pegotes curiosos y entre cortes, dobleces y suajes fabriqué una linda tarjeta, misma que engalané con un encantador dibujo y un bonito pensamiento, de esos que le salen a uno cuando se piensa enamorado por siempre.

¡Vaya que te sorprendiste cuando la viste!

Debiste ver tu cara de verdadera sorpresa y de profunda decepción cuando calculaste económicamente los corrientes 20 pesos que invertí en la tarjeta. Por suerte antes de destruirla (y con ello mis sueños de amor contigo) alcanzaste a ver al reverso el brillo de la dorada tarjeta de crédito ilimitado que sería de tu absoluto control. Un saltito de alegría, una lagrimita en tu maquillado ojo, con un efusivo abrazo y un apasionado beso, consolidó el éxito de mi cautivador obsequio.

Ya lo he dicho siempre, que dar una bonita tarjeta con el corazón, enamora a cualquiera.


teextrano

Sigo con la duda infame, de seguir oyendo aún tu voz,

no importó para tu recuerdo en sueños, que yo fuera ya un viejo,

no importó para mi memoria ausente, que tú jamás me quisieras,

porque aún através de los años, tú apareces cuando duermo.

así te burlas de mi esposa, que bien descansa a mi lado,

así atormentas mi mente, que aún reclamas algo tuyo.

Pero también apareces con el ego maltratado

y la confianza maltrecha, entre burda arrogancia.

Y hoy mientras soñaba, mientras sutilmente roncaba,

saliste al paso en mis sueños, para despedirte de mi,

ahora si que por siempre, de una vez y por todas,

Y agitando tus muñecas, señalaste hacia mi pecho esfumándote al instante.

Pero… la duda aun me corroe, pues no descifré con presura

Aquello ultimo que dijiste, pues no es lo mismo un “te extraño”

que decirme “tú, extraño”.

200517599-001Creí que no iba a sentir tanto tu partida y sin embargo sentí una tristeza profunda, oscura e infinita. Comencé a temblar, a angustiarme y ya echaba de menos desde una mirada tuya, hasta tu voz, tus manos y tus costumbres.

Pero fue cosa de un minuto.

Después de eso y al reconocer la soledad reinante, sentí la sutil mejoría. Supe entonces que cada segundo me era reconfortante, pues a partir de ahora por cada segundo que pasara, yo estaría más cerca de volverte a ver y de estar contigo otra vez… o al menos, por cada segundo andante, estaría más cerca el olvidarte y por lo tanto el dejar de extrañarte.

normal_sapoLa princesa miró a aquel sapo a los ojos, quitole de un soplido lodito de las ancas y con cierta repugnancia le dio un besito. Aquel, pobre e ilusionado aun no abría los ojos encantado por el beso, cuando la princesa ya se alejaba corriendo arrepentida. Así pasaron muchos años en los que la orgullosa princesa se dignaba sólo de vez en cuando a soltar un beso a algún sapo o rana de la región y veía desilusionada como aquellos anfibios sólo de color cambiaban en el mejor de los casos. Ninguno cobraba forma de galante y añorado príncipe.

Un día aburrida, miró su propio reflejo en el sucio estanque en que acostumbraba pasear, y en aquel espejo fangoso vio sus ojos saltones, su gorda y palpitante papada, sus manchas verdes y su gran boca sin dientes. Entonces cayó en la cuenta de que ella también era un sapo y que lo había sido toda la vida. También notó otra cosa: ella era la última de su especie en aquel mugroso estanque.

rufino-tamayo-el-trovadorOstento el oficio de trovador, según dicta el respetable. Músico suena arriesgado, bardo demasiado clásico y “el de la guitarra” bastante obvio. Así que la gente prefiere llamarme trovador. Soy yo quien le canta al amor y a las víctimas del mismo, a los incautos que acuden tomados de la mano y que intentan por todo medio, permanecer cercanos.  Yo canto a aquellos que se extravían al mirarse, a aquellos que no cejan de tocarse, de entrelazar sus manos, de compartir bocados, de compartir suspiros.

     Yo le canto a la joven que descansa en el hombro de su amado, y que guarda junto a si el ramo de rosas que le ofrendaron. Le canto al pretendiente que nervioso enternecido, juguetea infantil con el pelo de su niña, conformándose con robar una pizca fragante de un suspiro tibio.

     Soy yo, el que musicaliza el ritmo de sus latidos y el eco de sus sonrisas. Yo doto a sus planes de mágica inocencia, acoplo sus futuros anhelos encendidos y conjugo sus deseos inmediatos y urgentes. Yo con mi estilo, consagro su amor a la sublime esfera de lo divino. Mi oficio es, el del cupido musical que encandila a la adolescente dudosa, que derrite el invierno de la anciana, o renace el fuego de la viuda. Es por mi que el caballero seduce a su dama, que el joven se hace digno ladrón virginal y los hombres se hacen hombres coronando su pasión. Soy el juglar del deseo, el mediador entre labios, el alcahuete del varón, el celestino de la hembra. Mi carcaj no lleva flechas si no canciones y mis canciones dulces dardos de amor. Me gusta lo que hago. Soy yo quien poliniza de cariño al corazón, soy yo el que edifica el afecto y consolida al amor. Yo doy a los humanos el regalo prometeo del regocijo amoroso. Del amor con sus pasiones, tiernas y salvajes, espirituales y carnales, físicas y emocionales, benditas y malditas, de encuentro, flechazo y ansias, de olvido, dolor y lágrimas. El amor total, en todas sus facetas, el amor diamantino de mil caras, de mil afectos. Amo mi trabajo como amo mis canciones, adoro regar amor con el roce de mis cuerdas, brotar arrebato con el timbre de mi canto, encandilar frenesí con el ritmo de mi guitarra.

     Ese les digo, es mi trabajo. Entro a diario de bar en bar, cantándole al amor y al deseo… de mesa en mesa, de pareja en pareja… hasta que conozco a una, o la reconozco a ella.  Ya había cantado con dulzura, ya había cumplido mi labor, me restaba retirarme. Pero altivo pagué caro mi orgullo, al presenciar con paciencia el final del prolongado beso de aquella envidiable amante.  Es justo ella, quien me daba la espalda, la que está ahí con aquel, la que se suponía… que era mi novia, y que ahora sé, es novia de alguien más. Ella es quien supuestamente me amaba, aquella por la que yo cantaba, aquella por la que yo soñaba. Era nuestra misma mujer, a la que yo le cantaba y a la que él besaba. Y cuando me reconoce, cuando nos encontramos; en el trance sorprendidos, deseamos la muerte infame por traición, por la burla y ruptura, por el engaño y el adiós. Así que elegantes, no queda más que odiarnos, en un mudo silencio, pues el amor al oficio, profesionales al cabo, es ridícula salida, y por eso es que ella continúa en el papel de la amante y yo en el del hombre que por siempre y para siempre ha de cantarle al amor.


sheepPésimo invento los sueños. Confié en su fama ilimitada y carente de fronteras para suplantar mi desgraciada realidad: la de tu rechazo hacia mi. Y es justo en mis sueños que antes de la caricia, apenas antes del beso o del éxtasis del sexo, de mi ser y del tuyo; aparecen tu padre, mi madre, tu esposo o un crío y esfuman toda emoción, abortando la sensación.

Por eso ahora no sueño nada.

 Si acaso me sueño con escopeta al hombro, para batir cualquier oveja extraviada que intente abordar mis sueños.