cartel-viveYa viene el Vive Latino y yo debería estar entusiasmado. Como espacio musical es una fortuna que haya eventos como este en donde se proyecten agrupaciones  consagradas y nuevas, para deleite de los aficionados al rock en español. Personalmente gracias al “Vive” he conocido varias de mis agrupaciones favoritas como el Cuarteto de Nos, Turf y Catupecu Machu. Y por otra parte, me he decepcionado de varias otras como Pericos, Zoé y Molotov. Me he horrorizado con bandas como Panda, Moderatto y Sariñana; y también me he extasiado con Jumbo, La Habitación Roja y Bersuit Vergarabat. De todo he sido testigo en los “Vive” y me siento afortunado por las experiencias y poder así enjuiciar y hacer como todos, la selección personal de favoritos. Pero como toda novedad ante mis ojos ya se ha gastado. Un día de festival era conciso, completo. Actualmente los organizadores han encontrado la fórmula perfecta, -contratar 5 bandas de renombre repartirlas en dos día y rellenar el resto con bandas caseras de uno o dos hits (de dudosa calidad)-. A cambio de ello, nos venden boletos a precios groseros, cerveza caliente 3 veces más cara, pizza fría al doble y ridiculeces bobas como la zona VIP. No tiene nada de malo que haya bandas nuevas en el cartel, lo malo es que nos las presentan como la última revolución musical. No hay nada de malo en que haya consagrados, lo malo es que a Maldita Vecindad ya la vi 3 veces y no demuestran una propuesta musical nueva. Lo malo no es que haya un evento nacional como el Vive Latino, lo malo es que nos lo ofrecen como el evento del año, representativo del rock nacional (y latinoamericano!) y que en realidad no lo sea y nos cobren precios exorbitantes por asistir.

Ya después de decir todo esto sería incongruente de mi parte aplaudirle a Rulo, comprar mi abono y convencerme inútilmente a mi mismo de que “si quiero ir”. El “Vive” debo decir, creo que ya se me “Murió”.