Ya deberíamos haber aprendido a inculcar el amor al aprendizaje y no me refiero únicamente al de una escuela sino a todos aquellos modos de aprender algo. Desde pequeños nos amenazan para aprender, en lugar de entusiasmarnos por aprender algo nuevo, y crecemos creyendo que aprender es un martirio, una obligación pesada o hacer trámites burocráticos. Actualmente he tenido que ir a unas “conferencias educativas”, y el modo según ellos, para hacer que la gente asista,  es que en lugar de aderezar las ponencias, mostrarlas como algo útil o algo interesante, no… prefieren ponerte un sello en cada conferencia y si te pierdes de una, como ellos dijeron “ya valiste”. Hablo de un nivel de universitarios, ¡Qué bárbaros!.