CUENTO: PIÑATA / POR LEAR
26 Dic 2009
Después de pedir la posada, entraron los peregrinos; los acomodaron en el nacimiento y repartieron la colación. Convidaron ponche en vasitos de unisel y todos volvieron al patio para colgar y romper la piñata. Los niños encaprichados batallaron para quebrar su estrella, y cuando lo consiguieron, lucharon por la posesión de fruta, dulces y cucuruchos de cartón plateado. Después siguieron los adultos y para cuando Anselmo se dio cuenta, ya tenía la venda en los ojos y lo mareaban con vueltas poniéndole un palo entre las manos.
Entre gritos de apoyo y confusión, aquel lanzaba palos ciegos rastreando la piñata y golpeó con todas sus fuerzas cuando por fin la sintió. Con rabia y esmero se concentró en reventarla y después de sonoros ecos y gritos de exaltación escuchó el desparramiento de aquel deseado relleno. Entonces se arrojó ansioso, pero entre aquella euforia sólo abrazó cabellos y narices batidos entre tibia sustancia.
Cuando al fin se quitó la venda pudo ver que dos personas estaban a sus pies con las cabezas abiertas y los cráneos reventados, hundidas en charcos rojos entre trocitos de cerebelo. Todos inmóviles contemplaban mudos y estupefactos a Anselmo arrodillado. Él asustado, sólo vio entre lucecitas bamboleándose sobre su cabeza a la piñata intacta, que, con su forma de diablito le dedicaba una peculiar risita.