campesino-samana

Jacinto se encontraba curtiendo pieles como lo había hecho durante toda su miserable vida. No pensaba en nada realmente, ni planeaba nada. No había añoranzas, ni sueños o deseos. Simplemente curtía, salaba pieles, las remojaba en cal, y las labraba despojándolas del pelo. Tal y como lo había hecho siempre y de la misma forma en que lo haría por el resto de sus días.

No aspiraba a nada, pues no podía hacerlo. Era imposible pensar en tierras, en pertenencias, en posesiones, en viajes, en vacaciones, en comodidades, vaya, que aquellos conceptos e ideas ni siquiera le eran concebibles o imaginables. De pronto pensó en algo al fin. En su mujer embarazada y en el hijo que en breve tendría. En el hijo que a temprana edad ya debía aprender las mismas tareas que él ya hacía, y le enseñaría también a no desear, a no pretender, a no añorar nada, a no extrañar ni conocer quizás, una vida mejor.

De igual manera que la anterior le surgió algo más, como una chispita, que iba creciendo, que se inflamaba hasta llegarle a las sienes y hacerlo sudar. El pecho por su parte parecía estallar de un momento a otro, y la barriga la sentía hecha nudo. Y es que era simplemente que se trataba de una angustia.

Era la angustia del círculo sin fin, de la repetición eterna más allá de la muerte heredada por su propio hijo y por el hijo de su hijo hasta el fin de los tiempos. Entonces sintió rabia hacia sus tiranos patrones y envidia de sus vidas, asco de sus modales y odio hacia sus maltratos y abusos. Ellos no hacían nada y lo tenían todo, ellos eran más altos, fuertes, listos y bellos. Él y su familia eran enfermizos, feos, débiles e ignorantes, jamás habían tenido oportunidad de aspirar a algo digno. Y su hijo pronto tendría que hacerse a la idea de olvidar cualquier aspiración de vivir mejor.

De pronto un ruido lo sacó de sus pensamientos, una vocecita inocente que altanera, le preguntaba lo que hacía. Era el rubio hijo del patrón, el primogénito, quien infantil curioseaba entre los negocios de su padre. Jacinto reconoció en aquel rostro el naciente relevo al mando, al heredero del negocio y al próximo patrón de todo lo que podía ver. Pero vio incluso más allá. En su visión aquel niño era un adulto que repetía los vicios de su padre; pero sobre todo, ejercía su dominio avasallador sobre el hijo que Jacinto ya tendría pronto y sintió que su hijo no le pertenecía siquiera, sino que era una posesión material o animal del rubio chiquillo aquel.

Después de embriagarse de estas ideas y nublar su mente con la angustia del futuro, del horrible y esclavizante porvenir que le deparaba a su hijo, algo explotó en su interior en confusas marejadas violentas y en atronadores espasmos físicos. Cuando el extraño ataque pareció disminuir tenía entre sus manos el cuerpo sin vida del hijo del patrón, lo había asfixiado, le había matado.

Sentado y confundido, simplemente esperó su suerte resignado cuando vio venir a lo lejos al capataz en compañía del patrón, quienes ajenos a todo esto parecían hacer los cálculos de siempre. Él ya se sabía muerto después de todo, pero sintió un extraño alivio cuando pensó en su propio hijo. Quizás lo que había hecho fuera atinado, quizás si a su padre se le hubiera ocurrido hacer lo mismo hace años, él no estaría ahí sentado. Se sintió entonces satisfecho de si, por ser un hombre al fin. Uno muy digno, un hombre muy previsor.

propositosJamás he creído en los propósitos de año nuevo. Y no voy a comenzar a creer ahora, pero, en lo que si creo es en mantener mis objetivos mejor ordenados y más a la vista. Últimamente me he dado cuenta que si llevo una lista de mis actividades funciono mejor, así que de ahí que haga la siguiente lista. Para este 2010 debo:

1. Mejorar mi puntualidad. Tengo el horrible vicio de ser poco puntual y ello la verdad me ha costado muchas cosas. Ni modo, nadie aprecia que a cambio le entregue excusas entretenidas e interesantes, así que debo ser puntual.

2. Ser más atento y también compartido. Creí que quizás se trataba de una mala apreciación pero, ya varias voces me han dicho eso, así que procuraré ser más cuidadoso.

3. Ser más egoísta. No voy a extenderme en este punto, y aclaro que este punto no se pelea con el anterior, pero en serio necesito ser menos complaciente y serlo más conmigo mismo.

4. Aprender a conducir. Con la pena, pero jamás he logrado aprender a manejar y da pena. Es el equivalente a otras etapas a seguir bebiendo en mamila, no poder amarrarte las agujetas o no saber andar en bicicleta.

5. Tomar vacaciones. Necesito unas vacaciones que valgan la pena. No hay necesidad de ir tan lejos, con viajar a algún bonito estado de la república sería suficiente.

6. Manejar realmente el óleo de manera útil. Siempre digo que lo sé usar, pero hasta el momento no he logrado algo que valga la pena. Así que debo practicar y lograr cosas de manera útil de verdad.

7. Tocar realmente la guitarra. Siempre digo por ridículo, que sé un poco, y así es, pero saber 3 canciones la verdad es vergonzoso. Así que pretendo realmente aprender para poder presumirlo de verdad.

8. Mejorar el manejo de la figura humana en la ilustración. Me gusta mucho dibujar, pero sinceramente aún dibujo mal las manos, las piernas chuecas y los pulgares invertidos, debo estudiar anatomía, en serio!

9. Hacer ejercicio. Nunca se me ha dado la actividad física, pero el sedentarismo de un diseñador exige de verdad moverse. No me refiero solamente a músculos y bíceps, (que no están de más) pero hay que tener condición al menos.

10. Difundir cultura. Suena extraño o pretencioso, pero cuando llega uno a cierta edad, sientes la necesidad de legar algo. Quiero crear o difundir cierto grado de cultura ya sea en mi trabajo, en mi otro trabajo, o en mis pasatiempos. De alguna manera debo prestar el servicio de la cultura al nivel que sea. Este país de verdad que lo necesita. Además de que no quiero sentirme estéril.

11. Mejorar mi inglés. Nunca se me ha dado, pero ahora lo tengo más abandonado que nunca. Ni modo, sigue siendo la lengua dominante y muchas cosas que me gustan vienen en ese cochino idioma, Así que debo practicar.

 12.  Mejorar mi redacción. Y no es que tenga faltas de ortografía, es que en realidad me doy cuenta que me gusta mucho escribir, y esta vez quiero tomarlo con seriedad. Me gustaría poder escribir un libro, uno de verdad.

Tengo muchos objetivos más por supuesto, algunos de ellos mucho más importantes que los enlistados. Pero esas son urgencias que traigo conmigo a todo hora, así que no veo porque deba anotarlas. Trataré entonces de cumplir estos propósitos antes de que el 2010 se acabe… ok, ok, los optimistas dicen que no trate, que lo haga y me comprometa de verdad, está bien, si no los logro comeré popó de perro… o perro en popó o lo que sea. Después de todo cuando sea abril más o menos, mi suerte y el panorama habrán cambiado como siempre y ya desearé otro cúmulo de cosas.