CUENTO: EL RATÓN DE LA CASA / POR LEAR
18 Nov 2009
Llevo un par de semana sin dormir. Tengo un par de ojeras negras que parecen tragarse mis ojos, mis parpados están hinchados y mi rostro se ha hundido y pegado al cráneo… y todo eso porque como les dije, llevo dos semanas sin dormir.
Y es que exactamente hace dos semanas cometí un grave error: Maté al ratón de mi casa. No deseaba hacerlo realmente, pero el muy idiota llevaba meses metiendo la pata. Permití que trozara los cables del estereo, toleré que durmiera entre mis suéteres y no estallé al encontrar sus heces en la fruta. Pero mi paciencia se derramó cuando por fin Miryam aceptó pasar la noche conmigo y a ese ratón idiota se le ocurrió hacer su rondín nocturno escurriéndose entre sus piernas aterrorizándola de muerte y haciéndola huir de aquí para siempre. Eso había sido todo. Al día siguiente compré el veneno más letal y el miserable ratón apareció muerto y tieso a los dos días.
Creí inmediatamente saborear mi venganza al tirar su cadáver a la basura… pero no fue así, el gusto me duró poco. Desde entonces no he podido conciliar el sueño, y no es como ustedes creen por algún remordimiento emocional o por expiar culpas de asesino. La verdad, la única verdad es que lo extraño, y no es tampoco sentimentalismo o que extrañe sus estupideces de animal de las que ya me tenía harto; si no que era precisamente él quien le daba una justificación a los pequeños detalles.
Me explico. Yo sabía por decir algo, que aquel suéter que mordisqueo ni siquiera me gustaba (y que esperaba el menor pretexto para tirarlo) o que no importaba que cayeran migajas al suelo, él las desaparecía, y cosas así… pero sin duda lo más importante y lo que me tiene en el insomnio es que él era quien provocaba todo tipo de ruidos. Durante el silencio del trabajo y sobre todo por la noche, podía escuchar todo tipo de crujidos y respirar aun así tranquilo porque se trataba de él y yo lo sabía. Pero ahora, que no está, que él está muerto y yo en la soledad de mi habitación, los sonidos continúan y no se a que adjudicarlos. Despierto cada 5 minutos sintiendo que un fantasma o peor aún, un bandido, han entrado a la casa y están a punto de hacerme daño frente a mi cama. Me he levantado infinidad de veces con un bat en las manos derribando el perchero o alguna lámpara, o con el corazón desbordado y rezando como poseído invocando santos al por mayor. Y eso, se repite cada noche. No he sabido que hacer… creo que me voy a volver loco, extraño al estúpido ratón.
Así que hoy lo he resuelto todo, vengo feliz de la tienda de mascotas. He comprado un ratoncito casero e inmediatamente al entrar lo solté en medio de la sala. Lo vi correr a ocultarse debajo de los sillones husmeando y royendo aquí y allá. Es así que por fin apago la luz con calma, me tiendo en la cama cual largo soy y cierro los ojos al fin con placer, pues ahora se que todo ruido, crujido o rechinido que se presente será provocado ni más ni menos que por el ratón de la casa.