sherrie__s_cofee_break_by_k_a_d_lComenzó una noche cuando volví muerta del trabajo. Caí en la cama como un fardo después de revisar mil facturas. Y la negrura de mi sueño fue tomando forma, la niebla se fue disipando y distinguí sobre aquellas montañas violeta un amanecer de luz naranja. Yo usaba un vestido lindo, amplio con coqueto delantal y medias con brillantes. Jugaba con un perrito salchicha color azul que tenía dos cabezas y carecía de cola. Había pájaros de matices brillantes y las moscas eran de chocolate delicioso y crujiente. Las avestruces usaban zapatos de charol y los unicornios diamantes multicolores en sus cuernos. Finalmente la esfera con la que jugaba lanzándola al perrito, cayó a los pies de Él.

Él tenía el cabello rizado y una sonrisa bonita, muy simpática. Además tenía cejas muy marcadas y ojos muy profundos como dos pozitos de petróleo. Él tenía algunos rombos rosas en su chaleco grisáceo que hacía juego con las manchas sucias de sus mejillas sin afeitar. Él tenía pantalones de muchas bolsitas y de cada una sacaba dulces, caramelos, anillos y catarinas que ponía en la palma de mi mano. Él tenía un moño brillante al cuello, que en realidad era una mariposa, una que era muy elegante, quien a su vez usaba moño. Él tenía brazos velluditos que se erizaban cuando me tocaba y cuando lo acariciaba, revoloteaban luciérnagas en sus ojos y sus labios se humedecían.

Y así cada noche después del trabajo, cuando me iba a la cama, comenzaba aquel sueño; el maravilloso sueño de ese mundo mío en donde yo era feliz con Él, quien me cuidaba, quien me abrazaba, quien me besaba y me cortaba mandarinas de terciopelo para comer. Yo me sentía muy feliz.

Pero sucedió que un día, cuando hacíamos figuritas con las nubes mientras bebíamos lluvia, salió detrás de la luna un hada con figurita de princesa. Le preguntó por una calle mientras seductora le sonreía. Él estúpidamente la guió y le hizo una caravana cuando se despidieron. Yo no quise darle importancia al hecho, pero desde ese día Él actuó muy extraño. Ahora cuando duermo y comienzo a soñar ahí está ella, mostrando sus piernas sin recato, soltando aromas frugales con su pelo, refrescándolo con sus alas y contoneándose entre suspiros. Y él no deja de seguirla, de mirarla, la columpia con el arcoiris, le unta caracoles en la espalda, le cocina piñas con salchicha y le cuenta historias de oficina para que la “hadita” se asuste y se aferre al tórax de Él. Yo sólo he estado abandonada, en mi mundo, en mi sueño, hundida, ahora si en mi soledad real y ficticia.

Pero anoche ya no lo soporté más. Ella, -la desgraciada- le dejó un recado estrellado detrás de la luna para escapar juntos a lo más profundo de la galaxia de algodón. Antes de despertarme, Él me inventó una historia idiota sobre visitar a la cacatúa de su madre. Me dijo, entre caricias que me haría el amor para despedirse por unas cuantas noches nada más. Así que aquí estoy, en esta terminal de autobuses. Salí de trabajar y corrí para acá. Estoy haciendo tiempo, ¿Qué se cree Él, imbécil? ¿Que correré a mi cama para dormir y permitirle engañarme entre sus peludas piernas mientras piensa en largarse con aquella?. No señor, no soy tan idiota, Él imbécil y la zorra con alas no se burlarán de mi. Pienso quedarme despierta aquí toda la noche y todas las que sean necesarias para no darles su oportunidad. Así que mientras tanto, enciendo un cigarrillo y le pido a la camarera que me sirva una taza de café más.

teextrano

Sigo con la duda infame, de seguir oyendo aún tu voz,

no importó para tu recuerdo en sueños, que yo fuera ya un viejo,

no importó para mi memoria ausente, que tú jamás me quisieras,

porque aún através de los años, tú apareces cuando duermo.

así te burlas de mi esposa, que bien descansa a mi lado,

así atormentas mi mente, que aún reclamas algo tuyo.

Pero también apareces con el ego maltratado

y la confianza maltrecha, entre burda arrogancia.

Y hoy mientras soñaba, mientras sutilmente roncaba,

saliste al paso en mis sueños, para despedirte de mi,

ahora si que por siempre, de una vez y por todas,

Y agitando tus muñecas, señalaste hacia mi pecho esfumándote al instante.

Pero… la duda aun me corroe, pues no descifré con presura

Aquello ultimo que dijiste, pues no es lo mismo un “te extraño”

que decirme “tú, extraño”.

090204_supermarket_savingsTuve un sueño muy extraño. En él me veía de pronto dentro de un gran supermercado. Me encontraba en medio de un pasillo desconcertado y con las manos bien puestas sobre un carrito de compras vacío. En mi sueño no recordaba como había llegado ahí, ni por cual camino, ni con que fin. Simplemente me encontraba en medio del gran supermercado.

El lugar estaba atestado, la gente iba y venía en todas direcciones, se tropezaban o se encontraban, se empujaban o hablaban, recogían o sopesaban , había actividad, ruido y ajetreo. Esa gente tomaba productos, los evaluaba, los comparaba o simplemente los arrojaban a sus carritos, algunos atiborrados otros semivacíos. Había consumidores voraces, dudosos, pacientes o muy directos. Había ancianitas, madres, familias, niños o jóvenes parejas, era en si un hervidero impresionante. A la vez y en mi torpe caminar, alguien me sonreía, si no es que me agredía y en la mayoría de las veces simplemente me ignoraban como un producto más. De pronto un empleado me tomaba del brazo y me guiaba a un estante convenciéndome de cierta necesidad, de repente otro me convencía de lo opuesto cambiando el producto que tenía en las manos. Cuando lo notaba, una checadora reacomodaba lo que llevaba en mi carrito que volvía a lucir vacío y rato después, dos demostradoras bellísimas lo rellenaban de nuevo.

A veces me encontraba haciendo fila para algo, de pronto ahogado en un pasillo invadido por mil gentes, por mil voces de micrófono; un segundo después estaba en un pasillo de aterciopelados cojines en completa soledad o en manos de agradable y dulce compañía. Al instante me sentía curioso, dispuesto a probar todo; al siguiente, huraño y amargado, descalificando, huyendo o aislándome voluntariamente.

El caso es que como fuera, algo crecía dentro de mi, y ese algo era una angustia.

Ir de un pasillo a otro era desesperante, pero sobre todo era, que me abrumaba mi propia confusión personal, el ver todo y no ver nada, tener todo y querer nada, desear todo y poseer nada. Era esa amnesia, la de no saber nada, ni de manera cercana, el porque yo estaba ahí; en realidad no sabía lo que buscaba, si una prenda, un disco, una película, un videojuego, un juguete, alimentos, embutidos, panes, cereales, lácteos, herramientas, frutas, bebidas, licores, verduras, carnes, dulces, abarrotes, jarciería, calzado, perfumes o infinitas cremas, faciales, antiarrugas, de afeitar, de vaca o para los zapatos.

Temblaba, me mortificaba y sudaba copiosamente, me angustiaba el tiempo, la hora, mi situación, las filas y la incertidumbre. No sabía a que había ido, ni que necesitaba, no sabía como pagaría ni cuanto debería. Ya corría y las piernas se me quebraban, mi garganta se atragantaba, mi vista ya se nublaba, y el miedo en abrumadoras oleadas atravesaba mi corazón. Que el horror era, que ni siquiera sabía si quería estar ahí, si debía estar ahí, o se trataba de un mero accidente al fin. Cuando el fragor, la muchedumbre, los metales, las luces, los colores, el barullo, alcanzaron su punto más álgido y vertiginoso, desperté a punto del colapso.

Entre escalofríos y con el corazón aliviado afortunado suspiré. Era una bendición mirarme despierto, saberme en mi cama, entre sábanas tibias a salvo de aquel enjambre de sensaciones. Pero aquella paz duró poco, miserables segundos apenas, pues al notar el sol por mis ventanas, el comienzo del día naciente, las manecillas en punto, el tic tac apremiante y mi lista de objetivos, vino a mi la repetición infinita de mi rutina agobiante, el amanecer de la obligación continua, y con ello la conciencia completa del deber impuesto por mi cotidiana vida, con las dudas eternas y mi destino incierto, me di cuenta que la ansiedad del supermercado apenas a comenzar volvía.

sheepPésimo invento los sueños. Confié en su fama ilimitada y carente de fronteras para suplantar mi desgraciada realidad: la de tu rechazo hacia mi. Y es justo en mis sueños que antes de la caricia, apenas antes del beso o del éxtasis del sexo, de mi ser y del tuyo; aparecen tu padre, mi madre, tu esposo o un crío y esfuman toda emoción, abortando la sensación.

Por eso ahora no sueño nada.

 Si acaso me sueño con escopeta al hombro, para batir cualquier oveja extraviada que intente abordar mis sueños.