Ya deberíamos haber aprendido a inculcar el amor al aprendizaje y no me refiero únicamente al de una escuela sino a todos aquellos modos de aprender algo. Desde pequeños nos amenazan para aprender, en lugar de entusiasmarnos por aprender algo nuevo, y crecemos creyendo que aprender es un martirio, una obligación pesada o hacer trámites burocráticos. Actualmente he tenido que ir a unas “conferencias educativas”, y el modo según ellos, para hacer que la gente asista,  es que en lugar de aderezar las ponencias, mostrarlas como algo útil o algo interesante, no… prefieren ponerte un sello en cada conferencia y si te pierdes de una, como ellos dijeron “ya valiste”. Hablo de un nivel de universitarios, ¡Qué bárbaros!.

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Ser aficionado puma este sábado (23 de mayo) fue muy sufrido. Como ya lo saben yo lo soy, y si, me encuentro contento por su pase a la gran final, pero debo admitir que sólo disfruté los últimos 2 minutos del encuentro, justo cuando milagrosamente Verón (otra vez un defensa, eso me preocupa un poco) remató con su pelona cabeza el gol de la victoria, digo de la derrota, pero que globalmente mando al equipo a la final. Puebla nos hizo sufrir enserio, el 2-0 a su favor en el primer tiempo era la pesadilla que nunca esperamos; eso de ir a C.U. y poner las cosas así de fácil era imposible y ellos lo hicieron. ¡Fue impresionante!, mis respetos para este Puebla y su técnico “Chelís” que es un tipazo, honesto, trabajador, directo y con tamaños para convertir al Puebla en el equipazo que paralizó C.U.

Por fortuna hubo fortuna y más que futbol, fue eso “suerte”, la que estuvo de nuestro lado y nos hizo salir vivos de ésta.

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Como sea, ésta será otra semana feliz y la UNAM está a dos partidos de ser campeón, aunque falta ese pequeño detalle, ganarle al equipo perfecto, a la aplanadora Pachuca, si será muy difícil batir al favorito (parece imposible), pero si alguien puede hacerlo esos son los pumas de la UNAM.

Hace poco recordé una vieja anécdota de universitarios. Una fugaz historia de amor que quedó grabada con hierro candente. Dice así: Mi amigo Alex y yo, ordinarios y olvidables estudiantes, estábamos en la cafetería de la escuela esperando nuestra respectiva “petrolera” (esto es para los no acatlenses, una suculenta tortilla de harina con carne), cuando entonces pasó una de las niñas más bonitas o mejor dicho y para mejorar la anécdota, la más bella alumna de aquella generación y de toda la escuela que mantenía embrujado (entre a tantos otros) a mi compañero Alex. Yo sabiendo mi lugar y después del respectivo suspiro de resignación, continué comiendo mi platillo, pero Alex con un extraño fulgor en los ojos y sin probar bocado, encargó su apetitosa “petrolera” a mi cuidado y decidido se levantó a por la chica. Tímido como todos, se olvidó de si y acercóse a ella, quien ya le prestaba atención, acto seguido la hizo reir, acomodarse el cabello, dudar, sonrojarse, de nuevo reir y echarse sorpresivamente a caminar juntos por toda la escuela. Fue entonces que un trozo de carne cayó de mi boquiabierta boca, y para hacerlo más espectacular todo mundo, todos los compañeros, todos fuimos testigos con la envidia en los ojos. Lo último que vimos fue a Alex perderse a lo lejos con aquella chica, y lo que pasó después sólo él lo sabe.

Así termina esta historia de amor, o al menos así quiero que termine, pues días después la chica se hizo novia de uno de los más guapos, sino es que del más guapo (por el bien de la anécdota) alumno y rubio capitán del equipo de basketball, y Alex volvió a ocupar su lugar junto a mi como unos desconocidos más de la escuela.
En fin, que aquella tarde se quedó en la memoria de todos, la chica se divirtió, Alex la conquistó, y yo afortunado, comí una doble ración de “petrolera”.

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Así en tono argentino para que suene con más pasión. Para algunas personas que no les gusta este deporte yo soy muy aficionado al fútbol, para aquellos que les encanta soy una persona muy desapegada de ello. La verdad como casi siempre está a la mitad, ni desprecio al fútbol, ni soy su más fiel seguidor. Generalmente no voy a los estadios, ni compro el record, no se de estadísticas y ni veo los clásicos chivas-américa (clásico 0-0), aunque si algunas finales o juegos clave. Pero más que tenerle afecto a este deporte, le tengo afecto a un equipo, claro y obvio al que es mi equipo, los pumas de la UNAM.

Como es costumbre, generalmente le vamos al equipo que nos sorprende cuando somos niños y en aquel entonces, estaban las finales del futbol mexicano de 1988 y llamó fuertemente mi atención el póster de los jugadores de los pumas con su logo ocre gigante en el pecho, parecían poderosos y más cuando escuchaba sus apellidos, Negrete, Flores, García; así que decidí apoyarlos (ahora creo que para siempre). Claro, la realidad te demuestra que debes crecer y aunque los pumas llegaron aquel verano a la final, américa los aplastó en el azteca 4-1. A mis 8 años sentí verdaderas ganas de llorar pero la vergüenza con mi familia y vecinos pudo más.

 

Puedo decir que mi afecto a este equipo permanece y es que me gusta su personalidad, por un lado (lo choteado) representa a una institución, como todos, pero no como la de todos, no es a una televisora, cervecería, al chovinismo, o población local, es a la universidad, que si, no son universitarios los jugadores, pero aún así la representan en el circuito del futbol mexicano, eso me gusta pero además, es su esencia, no tienen el poder económico de otros equipos (y por fortuna su tiranía), no se les sospecha de trampas por lo mismo, siempre están llenos de jóvenes y creando jugadores (últimamente si, lo acepto les falta producir estrellas), es un equipo dinámico, trabajador, sin reflectores, sin presunción, con grandes históricos, y si también no es el más ganador, no presume de muchos campeonatos (pero si de los más emocionantes), muchas veces les falta fútbol como especialmente ha ocurrido en este torneo, pero a cambio siempre salen a gastarse y a correr hasta el fin, en los últimos partidos han conseguido gol en el último minuto, eso a pesar de que ya ni siquiera lo necesitaban realmente.

 

No se hasta donde lleguen en este torneo, (el Pachuca es una aplanadora), pero por lo pronto mi equipo ya me ha hecho muy feliz, y por que no, quizás en una de esas y con un poco de suerte hasta conquisten la cima. Pase lo que pase y de cualquier manera, como no te voy a querer.